La Plenitud de Jesucristo

¡No Aceptes a Ningún Substituto!

7/5/1993

El Misterio De La Encarnación

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella…Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. (Juan 1:1-5, 14)

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia. (Hebreos 1:1-3)

El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación…por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud. (Colosenses 1:15, 19)

Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos… (I Juan 1:1-3)

Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí. Si me conocierais, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. El que me ha visto a mí ha visto al Padre; (Juan 14:6,7,9)

Este lenguaje es místico: “El Verbo era con Dios. El Verbo era Dios. El Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.” ¡Pero en realidad esto no es sólo poesía! Jesús es el Verbo.

Muchas veces usamos el término, “la Palabra de Dios”, para hacer referencia a “la Biblia”. Pero ¿qué es lo que queremos decir cuando usamos el término Palabra? Declaramos que la Biblia, este producto del soplo de Dios, no provino de la concepción humana, o de la mente humana aplicada a asuntos filosóficos o religiosos, sino que es una manifestación asentada del mismo aliento de Dios.

Sin embargo, ¡Jesucristo es mucho más grande que esto! Él es la manifestación encarnada del Verbo o, como se traduce a veces, la Palabra de Dios. Si la Biblia es el Verbo que se transformó en palabras, Jesús es la Palabra que se volvió carne. Recuerda que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios. “El Señor es nuestro Dios, el Señor uno es”—no son tres Dioses, sino uno. Jesús dijo, “Nadie viene al Padre sino por mí.” Jesús de Nazaret es la expresión del corazón y la Palabra del propio Dios. Él es el pensamiento manifestado de Dios Todopoderoso.

Quiero dar este paso hacia atrás para ayudarte a entender que las cualidades de que habla la Biblia—la paciencia, humildad, santidad—no son solamente rasgos nobles de carácter que debemos luchar por conseguir. El propio Jesucristo es la Palabra de Dios. Lo que leemos en la Palabra escrita simplemente es una descripción de Jesucristo en palabras que podemos entender. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.” Él vivió el carácter y la vida de Dios. Él vivió exactamente el carácter y la vida de Dios Él dijo lo que Dios diría. Él enseñó lo que Dios enseñaría. Él era el propio soplido de Dios. Una vez más, “nadie viene al Padre sino por mí”. Jesús fue y es el camino al Padre, expresando y manifestando y personificando el carácter, el pensamiento y la mente de Dios. Él era la “representación exacta del Padre.”

“¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido?” preguntó Jesús. “El que me ha visto a mí ha visto al Padre”. Por medio de la Palabra de Dios hecha carne puedes ver el corazón y la mente de Dios, incluso la mismísima Persona de Dios. ¡Y es esto quien es Jesús! Y es por eso que Juan habló de Jesús diciendo que es “la vida eterna.” Es por eso que Juan pudo decir, “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida”. No dijo que Jesús era “un buen hombre que nos habló acerca de Dios, un hombre que vivió una perfecta vida cristiana para enseñarnos cómo vivirla y después nos dio el Espíritu Santo para que pudiéramos vivir así también”. Al contrario, sesenta años después de haber visto a Jesús ascender al Cielo, Juan dijo que había tocado la Vida Eterna, no sólo a un buen hombre.

Pablo llamó la encarnación de un “misterio”—algo insondable por el hombre pero revelado por Dios. Incluso Pablo, el santo apóstol, uno de los hombres más fructuosos que anduvo sobre la faz de la tierra, admitió que para él era un misterio. Nunca pudo comprender cómo Dios pudo respirar y así nació un bebé. Sin embargo Dios reveló que realmente había sucedido. ¡La propia Palabra de Dios lloró en el pesebre! Era el mismo pensamiento, mente, corazón, intención, propósito, visión—¡el mismísimo Espíritu del Dios Vivo!

“El Señor nuestro Dios, el Señor uno es.” Es por esto que Juan y Pablo pudieron escribir que “tú creaste todas las cosas” y que “por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra”.

¡Un momento! ¿No fue el Padre quien lo hizo?

No sin Jesús. ¡Son uno solo!

“Nadie viene al Padre sino por mí.”

“El que me ha visto a mí ha visto al Padre.”

“La vida eternal nos ha manifestado.”

Tú necesitas comprender este misterio de la Encarnación para comprender porqué no existen “cosas” llamadas de paciencia, bondad, dominio propio o santidad. Estas no son cualidades externas que puedes conseguir por leer la Biblia un montón de veces o por orar para que las recibas como cosas individuales. ¡El vivir así, no es vivir! Tú nunca lograrás ser un “buen cristiano” intentando añadir cualidades cristianas a tu vida. ¡Las “cosas” no equivalen a la Vida! ¿Cómo puedes obtener vida de una probeta? ¡No se puede! No puedes poner todos los ingredientes correctos en una probeta y después de agitarla y ponerla sobre un mechero y producir vida allí adentro.

En la esfera espiritual tampoco es así. Se encuentra la vida en Él y aquellas cualidades son resultado del estar en Él. Esas “cosas” son solamente una descripción de tu vida actual y también tu destino eventual en Él. Son una descripción del corazón, mente y alma de Dios Todopoderoso manifiestan en Cristo Jesús, la Palabra Viva. Ustedes mismos son nuestra carta, escrita en nuestro corazón, conocida y leída por todos. Estás siendo transformado desde un grado de gloria hasta otro en la imagen y semejanza de Dios.

“Conforme a la plena estatura de Cristo”. ¡Aleluya! Es por eso que todas estas “cosas” san de ninguna trascendencia. Es por eso que el buscarlas como metas para realizar te llevan a una serie de fracasos, frustraciones, superficialidades, vacío y temor. Si Cristo no es tu Todo en Todo, sentirás esa frustración, ese vacío, esa falta de productividad—todas esas cosas desesperantes. Pero todos los “logros” que deseas ya están en el Hijo. “Separados de mí nada podéis hacer.” No existe nada más. Todas las cosas son mantenidas en Él, por Él, a través de Él y para Él. Cualquier cosa que tendría algún valor ya está en Él.

Es por eso que cuando el joven rico le llamó de “buen maestro”, Jesús le contestó, “No entiendes—no importa cuánto sabes—porque sólo Dios es bueno.” Jesús no explicó más, pero nosotros conocemos el misterio de la Encarnación. El joven rico se fue frustrado porque todas sus buenas obras fueron en vano. Quizás trató de justificarse diciendo, “Claro que hago buenas obras. Y ¿quién se cree ese carpintero que es?” Estoy seguro que trató de afirmarse en su egocentrismo hasta que todo fracasó de nuevo y se acordó de lo que Jesús había dicho.

Pero supongamos que tú y yo tratemos nuestras vidas de una forma muy distinta y radical. Comencemos con la decisión de que el Propio Jesús será nuestro Todo en Todo, creyendo que sólo Él es el camino al Padre y que toda bendición espiritual existe en Él.

Esa decisión traerá a nuestras vidas algunas consecuencias revolucionarias…

“Desde Ahora, Me Conoces”

Le dijo Tomás: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?” Jesús le dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí. Si me conocierais, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. (Juan 14:5-7)

¡Es Necesario que Seamos como Niños!

Nos miramos en el espejo y nos preguntamos, “¿De veras conozco a Dios?” Es interesante que Tomás y Felipe y los otros que habían andado con Jesús por tanto tiempo y sin embargo todavía hacían esta misma clase de preguntas. Realmente no comprendían exactamente quién era Jesús; no sabían quién era el Padre; no sabían cómo estaban relacionados los dos. Después de tanto tiempo con Jesús, todavía no estaba claro.

Pero Jesús comentó: “Desde ahora conocen a Dios”. Estoy seguro que al oír esto se rascaron las cabezas y dijeron, “¿De verdad? Pues, hace cinco minutos no lo conocíamos. ¡Pero ahora, sí —¡¿cómo es posible?!” Estoy seguro que las palabras de Jesús les eran un poco frustrantes. Pero, aunque tengamos una parte en nosotros en ser “buena tierra” y no dejar que las hierbas dañinas reemplazan el cultivo de Dios, parece que la “obra” de que conozcamos a Dios es la responsabilidad de Dios. El resto de Juan 14 registra que Jesús siguió con mucho detalle acerca del lugar del Espíritu Santo en nutrir la vida del creyente en el cultivo de esa relación.

Entonces no tengo problema en sentirme ignorante y que Jesús mirándome me diga, “No conoces a Dios, pero ahora conoces a Dios.” La fe desde la cual habla el Padre por medio de Su Hijo es que Él sabe el fin igual que el principio. Está claro en la mente de Él, y en realidad está tratando de transmitirnos una confianza para que no nos midamos según como nos sentimos o cómo actuamos. ¡Está sucediendo algo que es más grande que eso!

Si tienes oídos para oír, entiende esto: El compromiso de Jesús hacia ti es más real que tu introspección actual.

“Ahora me conocen.”

“¿Lo conocemos?” Bien, puedo aceptar esto. Si Jesús dice que lo conozco y a Su Padre, no voy a discutir con Él. Y aunque yo no esté expresando la plenitud de ello. ¿No es verdad que “el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo”? También ¿no es verdad que es por fe que podemos echar montañas al mar? ¿No es cierto que por fe Cristo mora en nuestros corazones? Como un requisito previo para poder experimentar lo que dijo, tenemos que creer en lo que Él dijo. Y si dice que en Su opinión mi conocimiento de Él es auténtico, entonces la única cuestión es esta: ¿estoy dispuesto a creer que mi conocimiento de Él está completo en Él?

Si no creo que Jesús es el Camino, voy a estar frustrado constantemente, deambulado y confundido. Pero si creo que Jesús es el Camino, es muy fácil evitar la confusión que a Satanás trataría de poner en mi mente. Como Dios ha prometido que le podemos conocer—y que según lo que Dios piensa, ya lo conocemos—entonces tenemos que creerle antes de que podamos vivirlo.

De verdad es un misterio. Lo admito francamente. Tenemos la tendencia de pedir comprobantes antes de aceptar algo como verdad. Jesús vino a rehacernos. Nos ha dicho, “Lo que digo es verdad. El Verbo se encarnó. Yo soy la Verdad. Olvídate de lo que has escuchado o experimentado…lo que te digo es la verdad.” ¡Se necesita ser un grupo de niños para vivir de esa manera!

“Ahora me conoces.”

“¡BIEN! No sé lo que eso significa, pero sé que es la verdad. Ahora lo único que tengo que hacer es averiguar cómo es la verdad.” No hay discusión acerca de la posibilidad de ser verdad o no: Es verdad.

“Ahora me conoces.”

“Ayúdame a ver cómo te conozco. No pensé que te conocía, pero obviamente estoy equivocado, porque Tú dices que te conozco. Así que ¡te conozco!”

Realmente, hay muchas Escrituras que nos llaman a responder en esta misma manera. Por ejemplo: “considérense muertos al pecado.”

“¡No, no, no! No estoy muerto al pecado. ¡De ninguna manera! Pues, precisamente esta mañana…”

¡Y en tu mente puedes discutir con Dios! Pero no se lo recomiendo. En primer lugar, ¡siempre estarás equivocado! Y tampoco vas a experimentar la vida en Cristo mientras camines en incredulidad. Nunca vas a poder experimentar en tu vida la realidad del evangelio de Jesús, y serás como los millones que han ido a sus sepulcros sin experimentar jamás el cristianismo, aunque lo profesaban. ¿Por qué es así? Porque caminaban en incredulidad. Exactamente como los hebreos hicieron, no lo combinaron con la fe. Oyeron las palabras, pero no las creyeron. Permitieron que sus experiencias determinaran cómo se iban a sentir y a considerar a sí mismos. Si se consideraban muertos al pecado o no, dependía de cómo actuarían en la mañana y no de lo que dijo Dios.

Estoy muerto al pecado. Estoy muerto al pecado. ¿Cómo es que lo sé? Porque Dios lo dijo. ¿No concuerda mi propia experiencia con eso? Pues, es problema mío. Dios dijo que es la verdad, ¡así es que es la verdad! Ahora lo único que necesito es creerlo. La práctica de esa verdad, seguirá la creencia. ¡No precederá la fe!

Tiene que quedar claro esto acerca del cristianismo. Ese es el punto que Cristo estaba estableciendo cuando dijo, “Soy el camino, la verdad y la vida.” Entiende que tu habilidad de tener dentro de tu cuerpo mortal el camino, la verdad y la vida—la vida Zoe, la vida eterna, el poder de las galaxias—depende del esconderte en Jesús para que sean realizados. El tratar de alcanzar esas cosas por tu propio esfuerzo es en vano. Nunca vas a alcanzar el camino, la verdad y la vida; están escondidos en Cristo para la gloria de Dios. La única manera en que puedes recibirlos es reposando en Jesús, para hallar tu vida y tu esperanza en Él, a pesar cómo te sientas, “creer en Aquel que el Padre envió”.

Deja de buscar en otro lado porque Jesús es la respuesta a tus preguntas.

“¿Estoy salvado?”

“¿Está salvado Jesús?”

“¿Soy sabio?”

“¿Es sabio Jesús?”

“¿Soy santo?”

“¿Es santo Jesús?”

“¿Estoy muerto al pecado?”

“¿Jesús fue muerto al pecado?”

“¿Soy feliz?”

“¿Jesús fue feliz?”

“¿Puedo orar?”

“Pues, ¿Jesús pudo?”

La respuesta a cada pregunta sin excepción, está en Jesús. Él es la respuesta. No nos da un libro grande de reglas para poder descifrar las fórmulas y memorizar las respuestas y, a condición de que calculemos correctamente todas las fórmulas, decimos: ¡Ajá! “¡La vida cristiana victoriosa!” (¿Qué es eso?) O, “¡la iglesia perfecta!” Vida en Cristo no es cuestión de fórmulas, tampoco lo es la vida corporativa. La iglesia consiste en un grupo de personas que están completamente entregadas a Jesús—no sólo en el sentido de ser comprometido, sino en el sentido de que Jesús es la respuesta a cada pregunta acerca de sus vidas. De otra manera, puedes ser salvo, pero no puedes experimentar la salvación en esta vida actual. Si Jesús no es la respuesta a cada una de las preguntas de quién eres y de qué habilidades, talentos y fuerza tienes; acerca del efecto que pudieras tener en la vida de otra persona; de cómo te sientes acerca de ti mismo—si Él no es la respuesta, vas a continuar con una vida inútil y frustrada. Ese no es el deseo de Dios para ti. Jesús vino para que tengas vida en abundancia. Francamente, como ya lo sabrás, no hay muchos que hayan experimentado eso.

Tu disponibilidad de amar la verdad es el inicio de tu habilidad para andar en el evangelio, las buenas noticias de Jesús, “y probar el poder del tiempo venidero” en el tiempo actual. ¡Puedes experimentar en realidad esa clase de andar! Pablo sí lo experimentó. Escribió en Efesios 2:6 de “estar sentado con Cristo Jesús en las regiones celestiales”. ¿Aprendió aquello en un estudio de teología enseñado por Gamaliel? ¿Citó cuál pasaje del antiguo testamento? Ninguno, no lo hay. La verdad era que Jesús le había revelado a Pablo su posición en Cristo. Como resultado, él estaba viviendo una vida sentado con Cristo y simplemente describió lo que veía: “La mejor manera en que puedo describirlo es algo así como estar sentado con Cristo en los cielos. Sí, se podría decir así”. Pablo expresó lo que experimentó. Esa es la forma en que Dios quiere que todos vivamos. ¡Ese es tu destino! ¡Ese es tu lugar! Eso es quien eres—dependiendo de tu disponibilidad de aceptar y creer que Dios lo ha dicho así y de permitir a Dios que lo escriba en tu corazón.

Anuncia que esto es la verdad, al mundo y al acusador de los hermanos y en el espejo a tu propia cara. Proclama que Jesús es el cumplimiento de cada requisito de Dios para ti, que Jesús es el “Sí” y el “Amén” a cada promesa y cada esperanza de Dios; del pasado, presente y futuro. No sé cómo decirlo de otra forma—¡Afírmalo en tu corazón! Cuando te mires en el espejo, y hayas fracasado, y estés frustrado y tentado, cuando todos los niños estén llorando, cuando en todo te vaya mal, asegúrate de no titubear ni vacilar en este punto fundamental: Sea verdad lo que sea verdad, Jesús es la respuesta. Ya se ha dado la respuesta. Ya se ha dicho. El Verbo se hizo carne. Cada esperanza y cada sueño del Padre ha sido cumplido en ti, al creer en Él que Él ha enviado. Jesús es el Camino.

“¿Lo voy a lograr?”

“¿Jesús lo logró?”

“¡Lo logré! ¡Lo logré!” ¿Puedes creerlo? ¿Puedes mirar directamente al ojo del Padre y decir: “¡Lo logré!”? ¿O estás ocupado mirándote a ti mismo, no creyendo en lo que Dios ha dicho y preguntándote: “¿Lo voy a lograr o no? No sé. ¿Quién sabe si podré?”

¡No vivas así! Dios te amará, pase lo que pase, pero no quiere que vivas una vida frustrada, miserable y baja. Entonces, ¡no lo hagas! Mientras tanto: “anímense unos a los otros con estas palabras”. Cuando veas a alguien que no ve las cosas como Jesús las vería, quien se mira en una forma que no es conforme a la esperanza y promesa del evangelio, las buenas nuevas de Jesús, pues, anímale. “Id y sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra”—con las nuevas buenas de Jesús. Él ha cumplido cada requisito que el Padre ha pedido de ti, y Él es la respuesta a cada pregunta acerca de tu valor, tu potencial—el Camino, la Verdad y la Vida.

¡Una Respuesta, No Sólo una Teología!

¿Conoces a Dios?

¡Sí!

¿Cómo sabes que le conoces?

Porque Él lo ha dicho.

¡Tienes que pensar claramente para ser cristiano! , lo conoces.

“No, no lo conozco.” ¡Oye! Esa no es una confesión de falta de madurez. ¡Es una confesión de incredulidad! Ahora de repente, yo soy el responsable otra vez. Si el conocer al Señor es cuestión de madurez, y no tengo suficiente para poder conocerle, eso está fuera de mi control. “La madurez” está muy lejos y fuera del alcance. ¿Cómo podría yo madurar de la noche a la mañana? ¿Cuáles ingredientes podría mezclar en un frasco, después agregar agua y agitarlo para crear un cristiano maduro? Pues, no puedo hacerlo—es demasiado grande, demasiado fuera de mi control. Y si está fuera de mi control, no puede ser mi responsabilidad. Si acaso, yo pudiera hacer bien una u otra cosa para ir por buen camino, pero ¡es un viaje tan largo!

“No sé cómo conseguiremos llegar. Para cuando haga bien dos cosas, probablemente haré mal tres cosas inmediatamente después, o me pondré orgulloso porque las hice bien, y ese será el fin de mis esfuerzos.”

Pues, si tienes este punto de vista, vas a vivir una vida muy larga, miserable y trabajosa. ¡Las buenas nuevas son que no tiene que ser así!

Entonces, ¿conoces a Dios?

Sí, conozco a Dios. ¡Es la única forma de pensar!

¿Conozco a Dios? La respuesta no es: “A ver…no sé si conozco a Dios. Pues, no oro suficientemente y no soy suficiente santo, y no amo suficientemente, y a veces mi mal genio…”

Escucha: No quiero que tu mal genio te controle, que pierdas la paciencia. Jesús tampoco lo quiere. ¡Y probablemente es cierto que no oras suficientemente! Pero en realidad el punto no es ese. ¿Conozco a Dios? No se mide la respuesta por mis actuaciones. Lo que me debo preguntar cuando alguien me pregunta si conozco a Dios es esto: “¿Qué es lo que dijo Dios acerca de ello?” ¿Verdad que esta es una respuesta distinta? “¿Qué es lo que dijo Dios? ¡Dijo que le conozco!”

Lo que queremos que comprendas es la forma de pensar que debes tener, la forma de contestar a las preguntas. ¿Cómo contestó Jesús las preguntas acusadoras de Satanás? Usó los pensamientos de Dios. Debemos nosotros también contestar de la misma manera. Si Jesús hubiera meditado en cómo se sentía, no sé lo que hubiera dicho. Pero Él decidió que la manera en que se sentía sería gobernada por lo que Dios dijo.

Entonces si me preguntas que si soy perfecto, quizás habrá muchas formas de contestar. Pero en mi espíritu diré: “Pues… ¿era perfecto Jesús? ¿Qué dice la escritura acerca de alguien que ha sido lavado en la sangre del Cordero? ‘Blanco como la nieve.’ ¡Ajá! ¡Esa es mi repuesta!” ¿Soy blanco como la nieve? Si yo quisiera contestar según mi actuación, mi conocimiento o según la evaluación a la manera del hombre, tendría que decir que no soy blanco como la nieve. Si yo estuviera tratando de evaluar las cosas de la misma manera que Dios las ve (¡y esta es la única respuesta correcta!) tendría que decir: “Si le costó a Jesús Su Sangre, creo que así es. Aunque mis pecados fueron rojos como el carmesí, quedaron blancos como la nieve—si clamo el Nombre del Señor. Si Él es mi Esperanza, si es mi Roca, mi Refugio, mi Torre Alta, mi Salvación, mi Sabiduría y mi Justicia—mi Camino, la Verdad y la Vida. Entonces ¿cómo podría ser yo de otra manera? ¡Creo que estoy bien! Estoy blanco como la nieve.”

¿Quiero mejorar? Sí., quiero mejorar. No estoy inventando alguna forma de vida perezosa que aún podría ser considerada como cristianismo. Pero la única forma en que vas a poder vivir tu vida en fe y ver en realidad las victorias que has anhelado de corazón desde la primera vez que oíste el nombre de Jesús, será empezando por contestar cada pregunta con Jesús. Llena los espacios que están en blanco con Jesús. Cualquiera que sea la pregunta o cualquier acusación que te lance el acusador, cualquier dilema por parte de la sabiduría del mundo o de tu empleador o de tus circunstancias o del statu quo religioso —contesta a cada pregunta con: Jesús, y estarás en una posición muy segura.

Y ¿qué piensa Dios? ¿Cómo Él lo ve? Esa es mi respuesta. Eso no es ningún pretexto ni alguna novedad añadida a mi teología. No, es mi respuesta. No es mi teología; es mi repuesta porque ¡es la verdad! Te puedes preguntar: ¿Soy justo? Bueno, mi teología dice que Él es mi Justicia—pero siempre en tu espíritu te sientes sucio, por que en realidad no has aceptado que Él es tu Justicia.

Lo que te estoy animando a hacer ahora, si es que no vives ya de esta forma, es que rehúses a aceptar cualquier otra respuesta en tu vida. Y por favor, anímense unos a los otros. No dejes que alguien más viva una vida a medias tampoco—una mera existencia que contiene vida mínima. Asegúrense de que se exhorten unos a otros de que la respuesta es Jesús, que su salvación es tan segura como la de Cristo, si es que crees en Él a Quien el Padre envió.

UNA ORACIÓN

Señor Jesús, queremos decirte algo muy básico y sencillo.

Sabemos que Tú eres una Persona, no un concepto. Queremos seguirte, seguir a la Persona, no sólo a un maestro histórico o unas ideas acerca de un modo de vivir. Porque resucitaste. Estás vivo. Porque estás vivo, podemos seguirte, tal como Juan o Pedro o Santiago o cualquiera de aquellos hombres. Queremos ser como ellos fueron. Queremos dejar nuestras redes, o mesas de impuestos o lo que sea, y seguirte sin saber exactamente adónde iremos, y a la vez sabiendo que no hay ningún otro lugar adonde ir. Tú tienes las palabras de vida eterna. Tienes las palabras significantes y de verdad. Tú eres con quien queremos estar. Queremos tocarte. Cuando se presenten las preguntas, queremos tocarte. Cuando surjan los temores, queremos escondernos en ti. Queremos sentir lo que Tú sientes y creer en lo que dices como la verdad y hecho absoluto, a pesar de la experiencia previa o de las acusaciones del diablo o de los hombres. Queremos que nuestras vidas estén establecidas fundamental, total y absolutamente en Ti como una Persona y en todo lo que hiciste—todo lo que fuiste para el Padre, y por tanto lo que eres para nosotros. Deseamos tu realidad como fundamento seguro de nuestras vidas, y que la respuesta a cada pregunta y a cada falta las encontremos en Ti.

Creemos que Tú eres a quien el Padre envió. Lo creemos de todo corazón. Creemos que Dios te resucitó, Jesús, de la muerte y que te dio un Nombre que es sobre todo nombre. Creemos que Tú, Jesús, le agradaste en todo, y que por la sangre rociada sobre la tierra y en los cielos, hay un camino al Padre. Eso creemos, y lo afirmamos y nunca permitiremos que ningún hombre nos robe nuestra corona. Ayúdanos a ver y a experimentar todo lo que preparaste para nosotros, que haya en la tierra un testimonio de Tu sangre y de Tu gracia infinita. ¡Grande es tu Nombre!

La Plenitud de Jesucristo

Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios, porque ¿quién de entre los hombres conoce las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido. (1Corintios 2:9-12)

En realidad nunca ha pasado por la cabeza del hombre lo que Dios ha preparado para aquellos que le aman. Es revelado solamente a través de Su Espíritu. ¿Cómo puedes entender lo que hay en el espíritu de otro hombre? No lo puedes hacer. ¡Pero Dios dijo que podemos recibir el Espíritu de Dios para que podamos conocer los mismos pensamientos, corazón y alma del Mismo Dios Todopoderoso!

Eso es las buenas nuevas del mensaje del evangelio. Es mucho más que: “cuando muramos, vamos al cielo.” Dios está en el proceso de colocar a Su Pueblo dentro de Su Hijo por el Espíritu Santo y entonces conducirlos para dentro de Él y de su Carácter. Lo está haciendo no a través de cambio de su comportamiento sino que por permitirlos ser absorbidos en Él, y llegando a ser uno en espíritu con Él, como la novia con su esposo llegan a ser una sola carne (Efesios 5:31). Los que verdaderamente han nacido en Él se han unido con Él.

Para el Pueblo de Dios, Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Si quieres ver al Padre, y si quieres ver el Reino de Dios, Cristo tiene que ser tu todo. Recuerda lo que Jesús dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). En otras palabras, esta esfera sobrenatural de vida espiritual es sólo una teoría, una teoría frustrante, a los que no tienen al Espíritu de Cristo.

El Camino al Reino

¿Cómo llegamos, desde aquí, hasta allá?

JESÚS es el Camino, la Verdad y la Vida.

El hombre ha probado todo para encontrar esto que se llama cristianismo. Pero el Apóstol Juan testifica que no podemos conseguirlo a través de descendencia natural (o sea, no lo podemos heredar); no podemos conseguirlo por la voluntad de un esposo (o sea, los que influyen en nuestras vidas no nos puede dar entrada), no lo podemos conseguir por decisión humana (no es el tipo de cosa que puedes decir: “Lo quiero; por lo tanto, lo tendré”). Es necesario que nazcas del útero del Espíritu de Dios, nacido del propio Dios. Este nacimiento es un milagro de genuinas buenas nuevas que sólo Jesús puede proveer.

Entonces, ¿cómo llegamos hasta allí? ¿Damos “Los Cinco Pasos” u observamos “Las Cuatro Leyes”? ¿Lo podemos lograr firmando un papel? ¿Es posible nacer de nuevo por solamente repetir una oración? ¿Es suficiente decir “Jesús es el Señor”? Obviamente la respuesta es no como. Jesús dijo: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor’…pero yo les diré claramente: ‘Nunca os conocí’” (Mateo 7:21-23).

Podemos ver y entrar al Reino de Dios solamente por haber nacido de Dios. Y la única manera que se puede nacer de Dios es postrarnos ante su Persona, Jesús de Nazaret, y clamar: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” Se le ha dado a ÉL toda autoridad en el cielo y la tierra. Tiene toda la autoridad porque ¡Él vive! Tiene las llaves; si quieres la llave para escapar de la muerte y del infierno, tienes que ir a Él.

No te satisfagas con cualquier otra cosa. ¡No aceptes a ningún sustituto! ¡Es esencial que sea Jesús! No puede ser la religión. Si es la religión, no importa cuán pura o alta o noble parezca, vas a estar frustrado. Encontrarás que nunca vas a resultar tan bueno como se esperaba según las expectativas de otros—ni las tuyas. Nunca vas a ver lo que ellos ven o ser lo que piensas que debes ser. De vez en cuando caerás en la tentación de creer que nadie más lo ve, porque tú no lo ves. Si tratas de alcanzar vida en el Reino por medio de tu propio esfuerzo, encontrarás un montón de obstáculos…tu propia vida, tu vanidad, tus costumbres personales, tus preferencias, tus sentimientos, emociones, salud o pasatiempos. Estas cosas te estorbarán e impedirán que veas la plenitud de vida que se encuentra solamente en Cristo. Y Su Vida es la única cosa que vale la pena tener—la ÚNICA cosa.

Una de las cosas desafortunadas acerca de “la religión” en el sentido despectivo—es decir, “la religión” que no es de la clase “pura y no corrompida” sino que la clase a la cual Jesús se opuso—es que esta clase de religión ha permitido al hombre depender de las cosas externas en su búsqueda de lo que piensa que le agradará al Padre. No saborean “los poderes del mundo venidero”. No experimentan “la paz que sobrepasa todo entendimiento” ni “un gozo indecible y glorioso” ni “el poder de una vida indestructible” ni “su interior correrán ríos de agua viva”. En realidad, no los experimentan. Sin embargo, se les hace creer que porque son parte del movimiento o del grupo religioso “correcto” o porque creen en las doctrinas correctas, han logrado todo lo alcanzable. Hay un sentido de rutina repetitiva y satisfacción falsa, sin embargo tratan de sacar de un mal negocio lo mejor posible.

La gran tragedia es que la mayoría de estas personas nunca vienen a Jesús, quien sólo es el Camino, la Verdad y la Vida, pidiendo realidad, o sea “no le sueltes hasta que te bendiga”.

Quiero animar fuertemente a todos los que leen estas palabras a que abran los ojos al evangelio entero de Jesucristo—todo galardón bueno y perfecto, cada bendición espiritual en Cristo Jesús. Hasta que puedas decir: “Estoy sentado con Cristo en las regiones celestiales”—no porque sabes que lo dice la Escritura, sino porque es tu experiencia—¡no te satisfagas! ¡No culpes a nadie más si no lo experimentas, pero tampoco caigas en desaliento o desesperación. Continúa buscando a Cristo con todo tu corazón. No lo sueltes hasta que te bendiga con una revelación verdadera de quién es Él.

Solamente Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Búscalo hasta que Él haga esta Vida una realidad en ti. No des descanso a Dios hasta que Él haga de la habitación dentro de tu corazón el objeto de alabanza de la tierra, la ciudad en lo alto de una colina que no puede esconderse (Isaías 62:6-7). No estés satisfecho hasta que el Señor haya obrado en ti un milagro que sobrepasa todo entendimiento. Sigue pidiéndole: “Jesús, bautízame con el Espíritu Santo, no sólo con agua, no sólo con cosas externas.”

Él quiere cambiarnos. Quiere llenarnos y librarnos para permitir que vivamos en la expresión máxima de la vida—la vida Zoe—como Él la vivió. Pero ÉL es el Camino, la Verdad y la Vida. Tú no puedes hacer nada para efectuar esos cambios. Tú no los puedes ganarlos. No puedes de ninguna manera probar tu valor a Dios, ni a ti mismo, ni a tu vecino para así ganar algo. Y el fingir no mejorará las cosas.

¡Tienes que resolver esas cosas con Cristo! Él es el Único Camino, la Verdad y la Vida.

Muriendo para Vivir

Debes sumergir tu vida en la Suya para experimentar lo mejor que tiene para ti—lo verdadero: el cristianismo en su expresión máxima. Rechaza las cosas mediocres de la religión y permite que solamente Jesucristo sea tu herencia. Este tipo de vida va mucho más allá de la idea: “Si murieras esta noche, ¿irías al cielo?” Jesús desea darnos las centenas de bendiciones de hermanos, hermanas, madres, padres, terrenos y posesiones que ha prometido en esta vida a todos los que han renunciado a sus vidas por Él (Mateo 19:29). Su deseo es que tú experimentes todo lo que Dios tiene para ti—la vida abundante y llena (Juan 10:10).

Esta vida se encuentra en Jesús. Tienes que entrar en Él para poder captar estas cosas. ¡Permite que el Espíritu aumente tus expectativas de lo que Dios puede hacer! Por muchos años nosotros los creyentes hemos estado conformes con menos que lo mejor de Dios. Muchos de nosotros hemos llegado a la conclusión que después de la conversión no hay mucho que hacer, fuera de aguantar y sobrevivir apenas hasta que venga el fin. Es posible que sobre el tiempo cambien unas pocas cualidades en nuestras vidas y quizás cambiarán un poco nuestras personalidades, pero no proseguimos “hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

Hace poco en la radio, oí decir a un psicológico que, al contrario de lo que muchos creen, Fulano Americano o Fulano Ruso o Fulano Hispano tiene la misma personalidad básica a los 21 años y a los 81. En 50 a 60 años la persona mediana cambia sólo un poquito en cuanto a la esencia. Es decir, cambia muy poco su sistema de valores y sus cualidades de carácter. Hemos escuchado tantos testimonios de vidas que han cambiado muy poco. Es tan fácil olvidarnos de que el propio Jesús prometió que podríamos llegar a ser tan radicalmente diferente que nuestras caras brillarían como la de un ángel, tal como brilló la de Cristo.

Tenemos que morir para nuestros deseos egoístas y aprender a vivir cada día por el Espíritu de Cristo.

La sabiduría que está en Cristo es nuestra; la revelación que está en Cristo es nuestra. “Nosotros tenemos la mente de Cristo”, dijo Pablo. Nuestros motivos y personalidad pueden ser los Suyos. “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5). “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:11). Estas cualidades básicas de una vida ordenada por Dios y originada por Dios han sido plantadas dentro de cada creyente nuevo y Dios quiere que las sondemos y abaniquemos hasta que se hagan llamas. Realmente Dios anhela que la vida de Cristo en nosotros crezca y se desarrolle, “en medio de una generación torcida y perversa la cual resplandecéis como luminares en el mundo”.

La falta de pensamiento fructuoso y la falta de fe nos han limitado. Hemos estado satisfechos con poco en vez de decir: Dios dice que esto es quien soy. Dios dice que esto es lo que es una nueva creación. Le he entregado mi vida a Él; he clamado al Dios Viviente. “Padre, no te dejaré en paz hasta que yo experimente esta nueva creación que he llegado a ser—hasta que hayas hecho de mí la persona que me has llamado a ser y que has creado para ser. Eso es quien quiero ser.”

Las palabras de un canto hablan de un tiempo “cuando todo lo que me rodea se vuelve sombras a la luz de Ti”. Siempre hay un acto de autodisciplina en este proceso, porque la Escritura dice que podemos elegir entristecer al Espíritu Santo y apagar Su fuego. Pero este milagro de ver que todo lo demás pierde color al lado de la visión de Jesús es algo que sólo Dios puede causar. No es posible hacer suficientes cosas religiosas ni pasar el tiempo con suficientes personas religiosas para llevarlo a cabo. Sólo Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Tiene que ser Él. No hay sustituto. No hay otro camino sino Jesús.

“Hijo de David, ¡Ten Misericordia de Mí!”

El Padre le ha encargado nuestra salvación a Cristo. Es lo que Él ha escogido. La fe prepara el camino, pero sólo el propio Jesús puede salvar. Jesús dijo que se le ha dado “toda la autoridad en el cielo y en la tierra”. Jesús es el Camino, y el Padre le ha encargado a Jesús ser el Camino a la salvación.

Eso es verdad sobre la salvación, pero por favor aplica esta verdad en cada área de tu vida. Cada bendición espiritual está en Cristo. Si quieres relacionar estos pensamientos con la santidad o la paz o el poder “orar con éxito” o alguna otra cosa—llena el espacio con esta bendición, porque Jesús, y solamente Jesús es la Bendición. Él es Salvación, pero también es Santidad y Paz y Comunión con el Padre.

Concerniente a salvación, por lo general nuestra respuesta inmediata es: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Queremos recibir alguna enseñanza del Señor y de allí ir y hacerlo, pensando que de esta manera la tendremos. Algunos de ustedes eran de esa opinión. Pero Dios ha invertido y personificado la salvación en la Persona de Jesucristo.

Cuando el ciego Bartimeo (Marcos 10:46-52) estaba al borde del camino, no dijo, “Jesús, ¿qué cosa buena debo hacer para ver?” Le dijo a Jesús: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” Y Jesús se dio la vuelta y le curó allí mismo. Quiero decir que el mismo proceso se aplica a la salvación. Necesitas comprender claramente esto: para ser salvo debes tener el corazón de Bartimeo y tener tu propio encuentro con la Persona de Jesús de Nazaret. Bartimeo estaba sentado junto al camino, y todos haciéndole retroceder le decían, “Ah, Él no tiene tiempo para ti. Sólo sigue sus enseñanzas. Te doy un folleto acerca de Él en Braille, y lo tendrás.” Y Bartimeo les dijo, “¡No! Quiero ver a Jesús. ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! ¡Quiero a Jesús!”

Así es la salvación. Una persona salva no es alguien que ha aceptado una lista de ideas y por lo tanto ha llegado a ser cristiano. ¡Una persona salva es alguien que quiere a Jesús, nada más! “¡Quiero a Jesús, o la muerte! No voy a limitarme a ideas o conceptos. No voy a estar satisfecho con la enseñanza de un folleto que Él repartió y que recibí de tercera mano. ¡Quiero a Jesús!”

La salvación significa una insistencia audaz en obtener la Persona de Jesús. ¡En este mundo hay mucha gente a quienes consideramos cristianos y que nunca han hecho eso! Nunca han dicho, “Jesús, te quiero. ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” No me refiero a que hayan dicho las palabras solamente o que hayan firmado algún papel. Sino que lo hayan dicho en sus corazones, con una persistencia, un atrevimiento y un salir repentinamente de entre la gente y decir: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Anhelo lo auténtico. Quiero la vista. ¡Quiero poder ver! No voy a fingir que veo si es que no puedo ver.”

Si esto es verdad sobre la salvación, ¿no será verdad también llegar a ser un hombre o una mujer de Dios? ¿o de llegar a ser una persona que ora fielmente? ¿o de la liberación de las cadenas del pecado en tu vida? ¿o de sobrevenir la timidez o desánimo o superficialidad? “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” ¡Es simplemente el buscar a la Persona que es la solución! No es una lista de cosas de autoayuda—las cuales, en fin, durará solo unos tres días. Tal vez experimentarías algún éxito temporal y limitado y pensarías que al fin lo tienes. ¡Pero no lo tendrás! Tendrás que encontrarte con Jesús para recibir estas bendiciones, porque Él Mismo es la Bendición.

Ahora, si no vas a ser como el ciego, si no vas a abrirte camino a través de la gente que está tratando de detenerte, si no estás dispuesto a arrimarte a Jesús a pesar del ruido y la confusión y el temor del hombre y otras ideas rivales, probablemente no se te sanarán los ojos. Muchas personas tienen una realidad sencilla de la salvación en el hecho de que Dios les ha perdonado sus pecados igual que perdonó al apóstol Pablo o a cualquier otra persona, pero nunca experimentan la vida de Cristo, la vida abundante. Es porque no tienen aquella actitud de Bartimeo, la actitud de: “Jesús es mi respuesta, y lo demás tendrá que hacerse a un lado. No me avergüenzo, no me quedaré callado. Hijo de David, ¡ten misericordia de mí!”

Jesús es el Camino. Es la Verdad. Es la Vida. Él es oración, justicia, amor, autosacrificio, el dominio propio, bondad y santidad. ¿Lo ves? Por consiguiente, la actitud que dice: “Jesús, no Te voy a soltar hasta que me bendigas” —esa misma actitud que tuvo Jacob y que permite que un impostor llegue a ser un Israel de Dios. “No voy a soltar a Jesús, la Persona.” Quiero que sepas que esa es la única manera de vivir tu vida: en cada área de tu vida viviendo cara a cara con Jesús, la Persona, creyendo lo que Él dice. Si te dice: “Tus pecados son perdonados”, ¿vas a decir “No sé si mis pecados están perdonados o no”? Si te dice: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”, ¿te vas a quedar sentado y pensar “Quizás…”? Los que se levantaron y caminaron fueron los que…exactamente, ¡los que se levantaron y caminaron! También así es para nosotros. ¡Nunca vas a caminar si sigues acostado en tu camilla, meditando si de verdad está sano o no! Hay que aceptar lo que Él nos dice tal como hicieron los diez leprosos, a quienes dijo: “Id y presentad sacrificios tal como ordenó Moisés. Estáis curados”.

Hay algo maravilloso que ocurre cuando encaramos a Jesús de cara limpia que hace nacer la realidad de la noche a la mañana.

¡No Aceptes a Ningún Substituto!

Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que se basa en la Ley, sino la que se adquiere por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios y se basa en la fe. Quiero conocerlo a él y el poder de su resurrección, y participar de sus padecimientos hasta llegar a ser semejante a él en su muerte, si es que en alguna manera logro llegar a la resurrección de entre los muertos. No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios (Filipenses 3:7-15).

Conocimiento por Experiencia

Por favor, no aceptes el conocimiento de datos acerca de Jesús como un substituto de Jesús en Persona.

Nuestro conocimiento de Jesús es por experiencia, no sólo basado en aprender datos. Ahora bien, sí, necesitas saber algunos datos. Por eso enseñamos “a todos a obedecer todo lo que Él ha mandado”. Hay un proceso de enseñanza en el cristianismo. Es cierto que debemos tener un entendimiento correcto para poder vivir en el poder de Jesús. Tenemos que pensar claramente. Por una parte, Jesús vino a enseñarnos. Los discípulos continuamente le llamaban a Jesús “Rabí” (Maestro) o “Raboni” (Maestro de los maestros). Nos dijo que enseñaríamos a toda nación. Así que necesitas saber lo que Jesús vino a decirnos. Vino a un mundo religioso muy confundido, pero muy dedicado. Los fariseos eran serios sobre seguir a Dios al pie de la letra de la ley escrita. Decían: “Restríngete a tal número de pasos los sábados. Cuenta las hojas del perejil y dale a Dios un décimo”. Eran muy serios, no perezosos como mucho del mundo religioso hoy en día. Pero estaban confundidos. Por lo tanto, Jesús les enseñó sobre Su Padre y les mostró el Camino del Padre.

Aun cuando hablamos acerca del conocimiento del Hijo de Dios, no es como si simplemente pudieras leer un libro acerca de Él. Debe haber un conocimiento por experiencia también. Es como la diferencia entre el leer un libro de texto y el hacer realidad lo que describe. Cuando yo estudiaba en la escuela para ingenieros, no había límite a lo que pudiéramos hacer en papel. Podíamos diseñar motores de combustión interna y crear sistemas termodinámicos. ¡Pero si me dieras una llave inglesa y me pidieras que ajustara un carburador no tendría idea de lo que estaría haciendo! Hay una clase de conocimiento que es de experiencia y hay una clase de conocimiento que es de un libro de texto. Jesús quiere que seamos aprendices al vivir en conocimiento de experiencia de Él. Quiere que vivamos Su vida, no sólo reproducir maquinalmente Sus enseñanzas. Su intención es que veamos las cosas como Él las ve.

Un relato verídico:

Dos hermanos estaban conversando a las tres de la mañana. Uno le preguntaba al otro sobre cómo debería ser “la iglesia”. “¿Es esto? ¿Cómo se hace eso? ¿Qué piensas que quisieron decir los apóstoles cuando dijeron aquello acerca de ella? Y ¿Ananías y Safira, qué es lo que realmente estaba ocurriendo? ¿Cómo se aplicaría eso hoy en día?”

Así pasaron hora tras hora, día tras día por un transcurso de tiempo. Ahora, a las 3 de la madrugada, el hermano todavía seguía con pleno vigor. De repente, el otro hermano, se deshizo en lágrimas, sin saber realmente por qué. El primer hermano respiró hondo, se paró sorprendido y le dijo, “¿Cuál es el problema? ¡Pensé que estábamos teniendo una buena discusión!”

El otro hermano le respondió, “Cuando un científico inventa un láser o transmisión por fibra óptica o investiga la vinculación química en algún polímero nuevo, eso es ciencia. Cuando él trata de crear vida en un tubo de probeta, eso es inmoral”.

¿Entiendes? Puedes sobrepasar el límite cuando trates de analizar minuciosamente algo y piensas que por sólo analizar bien cada detalle ya causaste su existencia. Cuando miras la cosa de esta manera, por los ojos de la mente en vez de los del Espíritu, no sólo es error sino que es inmoral. Es pecado abordar a Jesús como un problema de libro de texto. Es pecado abordar la iglesia como un libro de texto de problemas. Es pecado considerar la vida sin pecado como asunto académico, una serie de fórmulas para que, si pudiéramos hacer todo a la perfección y si pudiéramos analizar todo hasta el nivel molecular, lo tendríamos. No es pensamiento erróneo solamente, pero en realidad es inmoral. El resultado de eso no es lo que Dios quiere.

La vida es dinámica. La vida es una aventura. El vivir en Jesús por el Espíritu de Dios no es asunto de libro de texto. Aunque las Escrituras contienen enseñanzas acerca de principios fundamentales y asuntos básicos, son una luz para guiarnos e iluminar nuestro camino—no son el propio camino. Jesús es nuestra Senda, nuestro Camino.

Así que cuando leas, “el conocimiento del Hijo de Dios”, no pienses acerca de Ello como un libro de texto. Piensa: lo sé por experiencia.

No Te Acuestes en el Letrero

Si conoces a Jesucristo como persona, entonces conoces la verdad. Si no conoces a Jesucristo como persona, no conoces la verdad. Quizás sabrás algo acerca de la verdad, pero no conoces la Verdad.

Cuando estábamos en Europa, no importaba en qué país anduviéramos, parecía que dondequiera, en cada pueblo pequeño había un letrero que decía Zimmer, con una flecha señalando alguna calle. Zimmer es la palabra alemana para “habitación”. Esta ha llegado a ser una palabra internacional que significa: “Aquí hay hospedaje si deseas una cama y un desayuno”. Así que cuando pasábamos por una aldea donde no había hoteles grandes, veíamos ese letrero que decía Zimmer, nos significaba que teníamos dónde hospedarnos esa noche.

Pues, la palabra Zimmer pintada en un letrero representa algo. Pero el letrero en sí no es la cosa que anuncia. Si sigues la flecha hacia lo que representa el letrero, hallarás una habitación verdadera. Allí puedes dormir. Puedes sacar las cosas de tu maleta, y allí puedes sentarte a leer. Tiene cuatro paredes. Es un lugar que puedes considerar tu casa por una noche. Pero el letrero mismo no tiene ningún valor verdadero con la excepción de que te ayuda a encontrar la habitación. Probablemente no hubieras tropezado con ella sin la ayuda de ese letrero específico.

Las palabras acerca de la verdad no son la verdad en sí. Son un letrero del camino. Nos dirigen hacia la dirección correcta. Quizás no hubiéramos hallado aquella “habitación”—no hubiéramos hallado a Jesús—si no hubiera palabras en nuestras Biblias o si no hubiera otros hombres que ya conocieron a Jesús. Pablo pregunta, “¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin que haya quien les predique?” ¡Y que aquel enviado proclame las Buenas Nuevas! “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!” La gente puede oír y creer como resultado de la Palabra de Dios. “Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra, o voz, de Cristo” por medio de los mensajeros de Dios.

Todo eso es maravilloso, pero tarde o temprano, tenemos que darnos cuenta de que si oímos estas enseñanzas pero nunca vamos en la dirección indicada por ellas—si vemos el letrero Zimmer y memorizamos la palabra y tratamos de acostarnos al pie del letrero—no tenemos nada de valor. Debemos viajar en la dirección indicada por el letrero. Las palabras acerca de Jesús no tienen valor en sí mismas. Incluso las verdades que Jesús nos enseñó (si por el momento podemos llamarlas de “verdades”), no tienen valor para nosotros hasta que en realidad exploremos esas verdades nosotros mismos. Todas esas “verdades” existen en Jesús. Jesús es la Verdad. Si tienes a Jesús, tienes la verdad. Si no tienes a Jesús, no tienes la Verdad, no importa cuánta enseñanza hayas absorbido.

A través de los años, ¿a cuántas personas hemos oído que han sabido un montón de datos que se consideran externamente “verdades”. Sin embargo, la experiencia de interactuar con ellas, ver sus vidas o platicar con ellas o incluso escucharlas hablar desde un púlpito, por alguna razón dejaron de producir el mismo efecto que sintieron los dos hombres en el camino a Emaús: “¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino?” No tocó grava provechosa. No hubo ninguna transacción en el hombre interior. No hubo una frecuencia resonante que hubiera causado un sonar en nuestro espíritu como un diapasón. Cuando de verdad la vida está presente, las palabras son Espíritu y vida tal como Jesús dijo que Sus Palabras eran.

Exclamaron los discípulos, “¿A quién iremos? Tú tienes las palabras de vida eterna, la vida que siempre fue y que siempre será. Tú tienes esa clase de palabras”. Pues, los fariseos y saduceos tenían la Biblia. Tenían muchas ideas que contenían lo que llamamos de “verdad”. Pero el propio Jesús dijo, “Ustedes conocen la Biblia, ustedes la citan a cada rato. La enseñan en las esquinas de las calles e incluso viajan a otras partes para enseñarla, pero se rehúsan a venir a Mí para tener vida. Estudian diligentemente las Escrituras pensando que a través de ellas tienen vida. Estudian ideas y conceptos para tratar de captar verdades y hacer lo que es la verdad y lo que se les manda hacer, y ¡sin embargo, no hay vida en eso!” (Véase Juan 5)

Sin embargo algunos de nosotros, en algún momento en nuestras vidas, hemos experimentado la diferencia entre la simple religión y la vida, si no en este mismo momento. Y si te hallas caminando en la religión, no es el fin del mundo. No te des por vencido. Simplemente quiero animarte: Ahora que ves los letreros, ¡adelante! Has visto el letrero que dice Zimmer. Ahora, ve y reposa en el seno de Jesús. Tú, como persona, ve y agarra bien a Jesús, porque Él es la Verdad. Buscamos a Jesús. No se trata de pensar en ideas acerca de Él ni el puro hacer las cosas que dijo. Buscamos al Jesús verdadero. Y si no es Jesús al que encontramos, no hay valor, y seguramente no hay paz en ello. Es frustrante.

Eso no quiere decir que si tenemos a Jesús, no habrá desafíos. Pero ahora de repente Él es mi Fortaleza, mi Torre Alta. Estas palabras descriptivas tienen sentido. “Admirable Consejero, Dios poderoso, Padre Eterno”. Ahora estas frases tienen sentido para el hombre interior. Podemos oír con nuestros oídos espirituales. Podemos verlas con nuestros ojos espirituales. De alguna manera, tenemos que llegar al momento cuando vemos más allá de las imágenes, cuando vemos mucho más allá de los logotipos y símbolos, y llegamos al grano. No nos distraeremos. No nos acostaremos por el borde del camino al pie del letrero que dice Zimmer y declarar que hemos llegado. ¡Es solamente un letrero!

Te pido que caves más profundamente—como el comerciante de perlas. Busca en todas partes, fíjate en todo con el fin de hallar a Jesús en Su plenitud. Permítele que Él sea tu Revelación. Permítele que sea tu Sabiduría. Déjale que sea todo lo que el Padre tiene para ti. Déjale que sea el YO SOY: “Cualquier cosa que necesites, Yo soy. Todo lo que sea correcto y verdadero, Yo soy. A dondequiera que necesites ir, Yo soy. Soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

¿Jesús o Poder?

Entonces necesitamos darnos cuenta de que las enseñanzas acerca de Jesús no son sustitutas del propio Jesús. También debemos ver que el sólo buscar las cosas que Jesús hace no es lo mismo que el buscarle.

Hay un sector entero del cristianismo que considera a Dios como poder—poder para hacer algo, poder para ser alguien, poder para participar en alguna clase de actividades milagrosas. Pero todavía es una especie de egocentrismo. El buscar a Cristo basándose en esto es semejante a ser como Simón el hechicero que quería comprar los dones. Puedes intentar comprarlos con tu asistencia a los cultos o con tu doctrina o, como Simón, con dinero. Pero ninguna de estas cosas comprará a Cristo pues Cristo “es la suma de todo lo espiritual”. No existe ningún don fuera de Cristo. No es algo externo como pensó Simón y como piensan muchos hoy en día.

Y muchos de ellos están frustrados.

No estoy siendo crítico. Solo te estoy advirtiendo que ese es un camino sin salida. Las personas que buscan poder en vez de a una Persona, después de un rato se dan cuenta de eso. Luego llegan a estar desorientados y desanimados, porque reconocen: “Esto no dio resultado como se suponía. Estaba seguro que iba a dar buen resultado, y todavía no quiero creer otra cosa, pero sí, me parece que es una calle sin salida”. Entonces llenos de dolor se dan cuenta que no buscaron a Jesús—buscaron otras cosas. Recuerda que Jesús reprendió con severidad a los que le vieron multiplicar los panes y pescados y después por eso lo seguían. Les reprendió mucho porque buscaban las señales. Querían comer del pan de la satisfacción física e intelectual en vez de alimentarse con el Pan Verdadero del Cielo.

Como en otra ocasión Jesús lo expresó: “Una generación perversa y adúltera demanda una señal”. ¿Por qué es verdadera esta declaración? ¿Es porque Jesús no hace cosas maravillosas y milagrosas? ¡Claro que sí las hace! Pero cuando buscas esas cosas en vez de buscarle, cometes una forma de idolatría. Es poner a otro dios en lugar de Él. Es egocéntrico, diciendo: “¿Qué yo ganaré con eso?” Es decir: “¡Impresióname a! ¡Estimúlame!” Cualquier cosa que se enfoque en mí mismo no es Cristo.

El hombre de quien Jesús decía: “entre los nacidos de mujer, no hay nadie mayor”, Juan Bautista, según lo que se sabe de él, nunca hizo nada milagroso. ¿Estaríamos tan impresionados con él tal como Jesús lo estaba? Sí lo estaríamos—si de verdad amáramos a Dios y escucháramos Su voz. No nos importaría el elemento que faltaba de lo milagroso. Jesús dijo que los hombres rechazaron el propósito de Dios para sus vidas porque rechazaron a Juan Bautista, su enseñanza y su bautismo. Piensa en ello: ¡Rechazaron el propósito de Dios para sus vidas! Otros profetas—Moisés, Elías, Eliseo—habían hecho una cantidad de milagros. Pero no fue por eso que estos hombres eran testigos válidos ante Dios. Hoy no es diferente. Debemos estar atentos a escuchar la voz de Dios y debemos aceptar lo que Dios nos da en cualquier forma que Él decida usar.

Una de Sus promesas habla de que nosotros haríamos obras todavía más grandes que las que hizo Jesús. ¡No desprecies esto! Pero no puedes llegar allí si andas corriendo atrás de señales y milagros. Jesús no tolera esa actitud. No la toleró en aquel entonces, ni la tolera hoy. Ese es un camino sin salida y muchas personas se han desilusionado porque todo ese tiempo pensaban que iban siguiendo a Cristo. Al fin llegaron a estar muy frustrados pensando: “Quizás Jesús no es real. Quizás Él no existe”. O han continuado tratando de convencerse, pero en vano. Se han vuelto crédulos e ingenuos con algunos espectáculos de magia solamente porque anhelaban que fueran verdad. El hecho es que todo ha llegado a ser confuso. “El espíritu de la profecía es el testimonio de Jesús”, así dice la Escritura. “¡Queremos la profecía!” ¿Qué es la profecía? Es el testimonio de Jesús. Todas las cosas espirituales están en Cristo Jesús. “Toda buena dádiva y todo don perfecto” están en Él. Las maravillas no deben ser el enfoque. En vez de esto, debemos buscar a Jesús, y de allí mirar las cosas maravillosas que Él hace.

El Recibir a Dios en vez de las Cosas

Jesús es mucho más que las dádivas que da. Muchas veces lo que pedimos son cosas u objetos que queremos obtener. Quizás pidamos la cura cuando en verdad es Dios quien desea ser nuestra cura. Dios nos sostendrá hasta el fin, pero a veces no nos concederá la cura—cuando Él piensa que somos suficiente sabios y estamos suficiente preparados de corazón y mente y espíritu para que Él pueda rehusar contestar nuestra oración. Para que podamos hallarle en vez de una respuesta a una oración, a veces detendrá una respuesta. Más que todo, Dios desea darnos a Sí Mismo. Si continúa dándonos cosas, solamente extenderá nuestra inmadurez y egoísmo y la idolatría de bendiciones. Así que, hay ocasiones cuando Él exige más de nosotros y por eso no concederá nuestra petición de las cosas, porque quiere que cambiemos nuestra forma de pensar—y también quiere que lo encontremos, que nos aferremos a Él y descansemos en Él como nuestro Todo en Toda situación.

¡Por favor, acuérdate de esto la próxima vez que pienses que tu oración no está siendo contestada! Quizás Dios anhele contestar la oración, pero ello nada más perpetuaría nuestra inmadurez. Prefiere mucho más que estemos llenos en Cristo para que tengamos el poder y la profundidad y las riquezas espirituales para vencer. Entonces podremos propagar la vida de Dios. Si todo lo que eres es un recipiente de cosas, tampoco podrás perpetuar la vida de Cristo en alguien más. No tendrás “ríos de agua viva corriendo de lo más profundo de tu ser” si siempre estás tomando un vaso de agua cada vez que tienes sed.

Vasos de agua no resultan en ríos de agua que corre. A menos que te encuentras saturado con Cristo, nunca habrá ríos fluyendo desde el hombre interior, tal como Jesús prometió que podrías tener. ¡Sí,lo podrás tener! Dijo, “todo aquel que cree en mí, ríos de agua viva corriendo de lo más profundo de tu ser” (Juan 7). ¡Para todo aquel que cree! Para los que tienen fe, en realidad hay plena oportunidad para tomar más de un vaso a la vez. Tomando agua vaso por vaso, nunca se juntará suficiente para que haya un desbordamiento para compartir con los otros. No funciona así. Si te hallas vacío en tu trabajo o en tu barrio o incluso en tu recámara en la noche cuando estás tratando de orar, puede ser porque estás buscando cosas en vez de encontrar a Cristo como la plenitud de tu identidad, como la plenitud de todo lo que el Padre posiblemente pudiera dar.

Cristo no vino a darte palabras; vino a darte la Palabra. No vino a darte un modo de vivir; vino a traerte al Camino. No vino a resolver tu problema con el pecado; vino a ser tu Santificación.

“Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo”, y tú eres “la plenitud de Cristo”. Dios llena a Cristo y Cristo te llena a ti. Tiene esta intención para ti, y no sólo para cada individuo, sino para nosotros corporalmente: la plenitud de la Deidad morando y viviendo dentro y a través de nosotros. Hemos puesto nuestra identidad en el altar tan definitivamente que no esperamos ni demandamos nada. No vivimos de un vaso de agua a la vez para satisfacer nuestra necesidad. Una vez más, no podemos recibir suficientes regalos de parte de Dios—vasos de agua—para poder quitar el tapón y dejar fluir los ríos indefinidamente. Si estamos buscando cosas nada más, tendremos una gran corriente de agua por unos 30 segundos que parecerá un río, y después estaremos resecos. Luego tendremos que pedir otros 4.000 vasos de agua para llenar de nuevo nuestro tanque para que podamos fluir por otros 30 segundos.

Si de verdad queremos tener un río que corre sin fin desde el hombre interior las 24 horas por día, será posible solamente si vivimos por fe en el Hijo de Dios que nos ama y se entregó por nosotros y ahora por fe vive con poder en nuestros corazones. Es la única manera en que podemos tener un río—¡si es Su río, Su Espíritu Santo! Él es el único río que hay. Todo lo demás es solamente un charquito que no se puede sostener—sino que se seca con el calor del día.

Justicia Como un Trapo de Inmundicia

Hagas lo que hagas, por favor no trates de hacer de tus propias buenas obras un sustituto de Jesús. Acuérdate que “nuestras obras justas son como un trapo de inmundicia”.

Así que ¿eres una persona callada y gentil? ¿Eres una persona amable y bondadosa? ¿Eres una personal muy moral? ¿Eres muy inteligente o tienes mucho valor para proclamar el evangelio? Pues bien, dicen las Escrituras que todo eso es un trapo de inmundicia si es que de una manera u otra no hay plenitud en Cristo. Si no es Jesús, no impresiona.

No es que no se deben hacer estas cosas. No estoy sugiriendo que no seas generoso o bondadoso. Pero la frustración que produce el hacer esas cosas y todavía sentirse vacío tiene que conducirnos a Cristo. Aún lo bueno que hacemos y la falta de satisfacción en ello nos puede impulsar a Jesús. Con la misma seguridad que el pecado de comisión del recaudador de impuestos y de las prostitutas los empujará hacia Cristo, si nosotros de veras pudiéramos ver el pecado de omisión—la falta de la plenitud de Cristo—también eso nos empujaría a Él. Todo es lo mismo—si no es Cristo, no es vida. Si no es el propio Jesús, no nos puede satisfacer. Y tampoco importa cuán bueno lleguemos a ser ni cuán profundo nos metamos en la maldad, todo es igual si no estamos en Cristo.

Si no estamos encontrando nuestra identidad en Él, ni nos estamos llenando en Él ni tomamos Su agua viva que fluye desde Su trono—si Él no es nuestro Pan de Vida—entonces nos estamos comiendo aquello que no sacia. Nos vamos a enfermar, e hinchar, y subir de peso. Si no es el Pan Verdadero del cielo, no nos alimentará.

Viendo las Cosas Espiritualmente

El conocer a Jesús requiere una visión espiritual. “Nadie puede exclamar: ‘¡Jesús es el Señor!’, sino por el Espíritu Santo.” Puede decir las palabras. Jesús dijo que en el último día muchos dirán las palabras: “Señor, Señor”, pero Él les contestará: “Jamás os conocí”. Pero el decir “Jesús es el Señor” por el Espíritu es algo que proviene desde el hombre interior.

Por el Espíritu podemos decir, “¡Jesús! ¡Señor! ¡Raboní!” Nos postramos ante Él y decimos, “Mi Señor y mi Dios”. Podemos sentir ese corazón que arde dentro cuando lo vemos “engrandecido y exaltado”. Tenemos el corazón que dice, “Todo lo demás pierde valor al lado de Ti cuando te veo, cuando te adoro. Todo lo demás queda en segundo plano”.

El ver espiritual no es una “experiencia de adoración estimulante”—si canto más fuerte, o si tocan mejor, entonces me olvido de todo lo demás y entro en un espíritu de adoración y alabanza. Eso no es auténtico. Eso es adoración “a la Pavlov”! Los momentos quietos pueden causar lágrimas igual que los momentos emocionantes. Los momentos “aburridos” pueden hacer que palpite el corazón igual que los momentos excitantes. Porque lo que buscamos es a Jesús, y cuando lo vemos—en cualquier forma que Él tome—¡lo tenemos a Él!

¿Te acuerdas que después que resucitó de entre los muertos, Jesús apareció en varias formas? Los dos hombres caminaban juntos con Él en el camino a Emaús. Les habló de Moisés y los profetas y del testimonio de la Escritura acerca de Él Mismo. Kilómetros después, se sentaron juntos a comer y, mientras partía el pan, lo reconocieron. Todo ese tiempo estaban hablando con Él, pero no fue hasta el momento de partir el pan que pudieron ver que verdaderamente era Jesús. Él se les apareció en una forma genuina y sin embargo no reconocible a la simple vista.

Más tarde, cuando Jesús cocinaba el pescado a la orilla del mar, Juan nos dice que, “ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: ¿Quién eres tú?”, porque sabían “que era el Señor”. ¿Qué quiere decir eso? Allí estaban sentados y comiendo y preguntándose si ÉL era el Señor, pero no se atrevieron a preguntarle porque sabían que sí lo era. No fue un reconocimiento físico de la vista, ni siquiera para los discípulos después de haber resucitado de entre los muertos. Habían pasado 3 años y medio con Él pero todavía no podían depender de los ojos físicos. No importa la forma que tomara, había alguna cualidad de Jesús que les tocó fuertemente y que hizo que sus corazones latieran y “ardieran dentro”—y supieron que era el Señor.

Pablo podía decir que aquella roca que proporcionó agua en el desierto, “Esa Roca era Cristo”. Así es como debemos ser, para poder ver, oír y tocar con nuestro espíritu y aferrarnos a la vida eterna, aunque no sea siempre obvia en sus cualidades externas.

Santos Sencillos

Todos los demás caminos que hay—y hay miles de ellos—son caminos sin salida. No van a ningún lugar. Te llevarán por muchas vueltas, te cortarán los pies y dejarán al final de un camino vacío, y después de todo tendrás que volver sobre tus pasos con esos pies sangrantes para probar otro camino. Mientras trates de funcionar en esta dimensión, en la dimensión de hacer y saber y juzgar cosas, de evitar tener convicciones, y comparar una cosa a otra y una persona a otra—mientras andes en esta esfera—perderás.

Quizás puedes condenar a los demás y convencerte que todo es completamente la culpa de ellos, pero si ellos andan por el camino de Jesús, tendrán algo que tú nunca tendrás. Jesús curó a un hombre que nació ciego. Los fariseos querían discutir con el hombre, pero él les dijo, “Ustedes pueden pensar lo que quieran; sólo sé esto: nací ciego y ahora veo—no tengo nada que explicarles”.

Este es el tipo de santos y discípulos sencillos que Dios busca. No tienen que tener un montón de explicaciones, pero tienen a Jesús. “Hombres sin letras y del vulgo”, quizás, pero tienen al Jesús auténtico. No tienen que justificarse. No porque sean arrogantes o presumidos, sino porque hay inmensa paz, humildad y armonía—y amor, paciencia, benignidad, bondad, gentileza y dominio propio—en Cristo.

Estos santos sencillos no tienen la actitud arrogante de: “Me hice miembro de la iglesia, entonces ¡déjame en paz! Sé mi teología. Estoy BIEN. Tengo la doctrina correcta. Cualquier cosa que me obligue es legalismo”. Cualquiera que viva en aquel mundo no tiene a Jesús—no al Jesús auténtico. “El principio de la sabiduría es el temor del Señor”, y Jesús es sabiduría. Jesús es la sabiduría y revelación de Dios. Así que si no hay un temor de Dios, ni un deseo ardiente para hacer la voluntad del Padre y obedecerle, no le amas. Te engañas y nada más. Cuando tienes a Jesús, hay ese ardor interior dentro de tu corazón, “el celo por la casa del Padre” te consume.

Juan escribió (1Juan 3) que todos los que tienen al Espíritu de Dios—absolutamente todos que de verdad tienen viviendo dentro de sí el Espíritu de Jesús—”se purifica a sí mismo, así como Él es puro” e “no practica el pecado”. Tal como fue manifestado, Jesucristo destruyó los pecados que antes nos controlaban, y ahora ya no podemos continuar viviendo en ellos. Ya no los defendemos. No los escondemos ni tratamos de alegar que no existen ni de justificarlos. Dios Mismo ha hecho Su morada dentro de nosotros. Su semilla vive dentro de nosotros. Entonces ya no queremos más esas cosas. Cualquiera que trate de justificar una vida de mediocridad no le conoce. “Ellos ni le han visto ni le han conocido” y “son mentirosos” Juan dijo.

Eso no es legalismo. Juan no era legalista. Era el apóstol del amor, ¿te acuerdas? Pero Juan dijo, “El que dice que permanece en Él, debe andar como Jesús anduvo” y también dijo que cualquiera que continúe viviendo en el pecado—pecado deliberado y continuo—nunca lo ha visto ni lo ha conocido, porque una vida así es incompatible con el Espíritu de Jesús viviendo dentro. Eso no fue una acusación. No fue una amenaza ni un mandamiento. Eso fue solamente una observación de parte de alguien que conocía el Espíritu de Cristo. Y dijo, “No lo conoces si obedecerle no te cuesta nada”, si no se te rompe el corazón cuando eres egoísta, necio, terco, holgazán, indolente o codicioso.

Considera esas cosas como señales. “Examínate para ver si estás en la fe”. Fíjate si el Espíritu de Dios vive allí o no, si el amor de Cristo te obliga o te constriñe a que hagas la voluntad de Dios. Si no, ¡encuentra a Jesús! La verdad es sencillo no puede ser. Esto no son malas nuevas. Esto son buenas nuevas. Hay un nivel de vida que Dios ha prometido, ya que eres una nueva creación y miembro de una nueva tribu y pueblo nacido en la imagen de Jesús y transformado a la misma imagen del propio Dios. Se nos ha abierto la puerta para que todos nosotros participemos. Es una gloriosa promesa de Dios.

Y no tendrán que enseñar más a tu prójimo diciendo: “Conoce al Señor”—haz esto, haz aquello. Pero ahora Él tomará nuestros corazones de piedra y nos dará corazones de carne. Pondrá Su Espíritu dentro de nosotros y nos impulsará a guardar sus mandamientos y decretos. Esa es una promesa hecha siglos antes de Cristo—que habría una nueva raza a semejanza del Primogénito la cual viviría en el Espíritu de Cristo Jesús. La manera en que ellos perciben las cosas, la manera en que toman sus decisiones, el gozo y la oportunidad que ven, aún en la crisis, es igual a como “lo hizo Jesús”. Sus ojos están abiertos al mundo invisible, como cuando Eliseo oró por su siervo: “Señor, abre sus ojos para que él pueda ver que a su alrededor hay más por nosotros que los que hay en contra de nosotros”.

¡Abre tus ojos! Mira a lo que realmente está alrededor. Mira la esperanza y la promesa que existe en Cristo Jesús. No trates de analizarlo en un nivel intelectual basado en tus propias experiencias limitadas. ¡Abre los ojos de tu corazón! Pablo oraba, una y otra vez, para que Dios abriera los ojos de nuestros corazones, para que pudiéramos ver las riquezas inescrutables de Cristo, la plena administración de Sus riquezas en nuestras vidas y en las de los que están a nuestro alrededor. ¡Todo esto se encuentra en Cristo Jesús! Todo está allí, disponible para cada persona que llegue a Él y pida y siga pidiendo y que busque y siga buscando y que toque y siga tocando.

“Me buscaréis y me encontraréis, cuando me busquéis de todo corazón.”

“Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.”

Él nos llama. Nos invita a la revelación y relación más alta posible que pudiéramos tener en esta vida mortal, es esta esfera mortal. ¡Acéptalo! No hay muchos que lo hayan hecho, pero tú puedes.

¡No aceptes a ningún substituto en el lugar de Jesús!

“¡Sígueme A Mí!”

En esto sabemos que nosotros lo conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: “Yo lo conozco”, pero no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él. Pero el que guarda su palabra, en ese verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo. (1Juan 2:3-6)

Caminando Conforme a Jesús

Nuestro propósito principal en estas páginas es de establecer nuevamente quién es Jesús. ¿Quién es esta persona que seguimos? ¿Seguimos un estilo de vivir o es este Camino una persona que se llama Jesús? Crees en las Buenas Nuevas: aunque todas tus buenas obras y doctrinas de fundamento y experiencias religiosas nunca podrían abrir un camino, Jesús Mismo es tu Camino.

Pero por favor no lo malentiendas—y eso es muy importante: El seguir el Camino, la Persona que se llama Jesús, resultará en un cierto estilo de vida. Como dice la Escritura: “¿Andarán dos juntos si no están de acuerdo?”

“Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.”

“Bien ¿estás consciente de que las zorras tienen madrigueras, y que las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza? ¿Estás consciente de que si me sigues adondequiera que Yo vaya, habrá una cierta calidad de vida que acompañará esa decisión? De verdad: no tendrás una vida muy cómoda si sigues al Hijo del Hombre, por que adondequiera que yo vaya, no tengo donde recostar la cabeza. No tengo necesariamente algún lugar que pueda considerar mi hogar.”

El padre de nuestra fe, Abraham, fue un peregrino del principio al fin. ¿Qué te parecería vivir en una carpa durante 80 años? Hay algo de dificultad involucrada en seguir al pionero de la fe, Jesús. Tienes que pensarlo bien, comprender bien quién es Jesús y decidir: “Sí, yo quiero seguir al Cordero a dondequiera que vaya. Pase lo que pase—no me importa. No me importa lo que me cueste. No me importa. Veo a este hombre que camina sobre el agua, que calma las tempestades con Su mandato, resucita a los muertos al decir una sola palabra, levanta los ojos hacia al cielo como si de verdad conociera al Padre, y expresa la bondad y pureza de pensamiento y justicia y amor y sabiduría. De verdad vale la pena conocer a este hombre. Vale la pena andar con Él. Quiero estar cerca de Él. Quiero hacer lo que Él dice. Quiero seguirle. Es obvio que Él sabe cómo andan las cosas. Sabe lo que pasa. Él sabe cómo funciona todo. Este hombre sabe, y yo quiero seguirle. Quiero estar donde Él está.”

Ahora, en el proceso de seguirle, seguramente resultará un estilo de vivir que es como el de Él. Pues, tiene sentido. Tal como testificó Juan: “El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo. Conozco a muchas personas que prefieren hacerlo de otro modo, conforme sus propias condiciones, diciendo: “Quiero seguir a Jesús, pero no quiero andar como Él anduvo. Tengo otra forma de seguir a Jesús”. Como Pablo ya profetizó que sería el caso, es muy popular que muchas personas y sus maestros confiesen un cristianismo que realmente no requiere que anden como Jesús andaba, “Puedes seguir a Cristo cuando Él vaya hacia al este y tú, al oeste”. Y te declaro que la única forma en que puedes seguir a Jesús es mucho más práctica. Ve adonde Él va, vive como Él vivía, piensa como Él pensaba, habla como Él hablaba, razona como Él razonaba, ora como Él oraba, ama como Él amaba, y vive en justicia como Él vivía.

¡No sé de otra forma de seguir a Jesús!—al menos yo no puedo encontrar una en mi Biblia. Como ves la vida de los apóstoles y la vida que transmitieron a otros mientras “testificaban con poder” y “abundante gracia había sobre todos ellos”, puedes ver una calidad de vida que acompañó directamente al mensaje de Jesús. Le proclamaron como “engrandecido y exaltado”, Él como “Rey de reyes y Señor de señores, el Admirable Consejero y Príncipe de Paz”, el Mesías prometido que vendría. ¿Cuál fue el resultado directo de este mensaje? Vidas llegan a ser como la de Él. Los creyentes iban a ponerla en práctica como Él la puso en práctica, porque Él sabía cómo funcionaba. Comprendía lo que agradaba al Padre, y cómo deben funcionar las relaciones y cuál punto de vista se debe tener en cuanto al mundo material y al mundo invisible. Jesús sabía—y sabe todavía—cómo todo funciona esto.

Seguirlo es pensar como Él pensó y andar como Él anduvo, odiar lo que Él odió, amar lo que Él amó, rechazar lo que Él rechazó, quedarse con rabio con lo que Él se quedó con rabia, no hay otro tipo de Crist-ianismo.

“Todo el que haya completado su aprendizaje a lo sumo llega al nivel de su maestro.”

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.”

“Ven, sígueme.”

El cristianismo no consiste en solamente ideas. No es cuestión del aspecto exterior y nada más. Es andar de forma sencilla con el Maestro, y desde allí juntarte a otros que también desean andar de esa forma.

“Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen”. Una transformación genuina ocurre cuando de verdad lo vemos e “invocamos el nombre del Señor”. No es algún truco psicológico de cantar varias veces un canto de adoración como un mantra y simplemente suprimir todo y tener algún tipo de experiencia espiritual como no se siente más. El cristianismo es una experiencia en la que uno está completamente consciente con los ojos muy abiertos e involucra todo el corazón, alma, mente y fuerza con Jesús, Sus enseñanzas y Su Estilo de Vida. Es el poner en práctica esas cosas en cada área de tu vida.

Activo y Sustancial

El “conocer a Cristo” no es un término abstracto. Es activo y sustancial. Es real; no es imaginario. El conocer a Cristo es sustancial. Sí, tiene cierto aspecto. Sí, tiene resultado visible. El conocer a Cristo es activo. Hay un aspecto dinámico; no se queda en un estado inactivo y estancado.

Una roca que está al borde de un precipicio tiene una energía potencial. Allí hay poder. Puede ser que en este momento particular no haga nada, pero tiene poder para aplastar un carro. ¡Esto requiere mucho poder! Puede ser que la roca parezca que no está haciendo nada, pero tiene energía potencial. ¡Algunos centímetros más para allá y puede aplastar todo un BMW! Aquella roca tiene un inmenso poder. Así también es con nosotros, hay una energía potencial en cada paso que damos porque estamos usufructuando de Cristo. Podemos incluso no decir una única palabra, quedarnos totalmente parados, solamente observando, y todavía tener el mismo tanto de poder que aquella roca del peñasco. Tenemos vida en nosotros, y un potencial de energía que nos permite ver proféticamente y oír lo que Dios está diciendo en aquel momento. En 1 Corintios 2 Pablo estaba reflexionando que los bebés espirituales no lo pueden hacer. Pero los que están maduros pueden oír, ver y comprender. Con igual seguridad que tu espíritu sabe cómo te sientes ahora—si es que tienes dudas, temor, escepticismo y desesperación o si tienes tus ojos abiertos hacia el cielo, viendo a Cristo Jesús como el único límite de tu potencial mientras andas en fe—así también el Espíritu de Dios sabe Su mente y pensamiento y sentimiento actual. Y, Pablo dijo, tenemos ese Espíritu. Podemos andar en esta forma. Puedes ver—1 Corintios 2. Es parte de eso que se llama el cristianismo.

Una vida en Cristo tiene sustancia e involucra una dinámica. El proceso de oír hace una dinámica más grande que solamente seguir unos principios u obedecer ciertas leyes o vivir de cierta forma o andar con un cierto grupo de personas. Realmente esas cosas externas no son la cuestión. Nuestras vidas no se basan en ideas que nos acordamos o en metas que tenemos que aparentan ser conforme al carácter de Cristo. Debemos estar escuchando. En Jesús, creemos en un Padre que “hasta ahora trabaja”. Decimos lo que escuchamos que dice el Padre y que hacemos lo que le vemos hacer. No es que la habilidad de escuchar o hacer dependa de nosotros, es que nosotros depende de Jesús. La vida sustancial y activa que Él vivió llega a ser nuestra.

“Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.” Exactamente como Jesús dijo solamente lo que oyó decir Su Padre e hizo solamente lo que vio hacer a Su Padre, así también es el destino de los que le siguen.

El Amar la Luz

“Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.” Eso no es legalismo. Jesús no era legalista en pedirnos que les enseñemos a obedecer todos Sus mandamientos. Eso es simplemente Jesús, quien sabe lo que hará funcionar el mundo, diciendo, “Aquí está Mi Camino. Anda en él. Apártate del mundo. Deja de conformarte a las normas del mundo. ¿Qué comunión tendrá la luz con las tinieblas?” Él nos mostró como poner en práctica una vida que no tenía comunión con las tinieblas, sino tenía comunión solamente con el Padre y con los que amaban la luz—no con los que eran perfectos, sino con los que amaban la luz.

“Este es el veredicto”: algunos aman la luz; otros no la aman (Juan 3). Esa es la medida. No es la perfección. No es el tener un entendimiento perfecto de cada cuestión o un conocimiento perfecto ni aun una aplicación perfecta para cada área de tu vida. Pero Jesús busca a los que aman la luz. Son ellos los que Él atrae para Sí mismo. Ama a todos, pero no puede ayudar a los que se rehúsan a venir hacia la luz. La persona más buena de todo el mundo, quien tiene varias cualidades maravillosas pero no ama la luz, no tiene esperanza. Por otra parte, la persona que es tonta, que fracasa todos los días de su vida, pero es humilde y ama la luz y está dispuesto a venir “a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras a la luz”, él tiene plena esperanza. Desea andar en paz y libertad. No le importa lo que piensa la gente; no teme al hombre. Prefiere estar bien con Dios que ser admirado por la gente. Prefiere estar bien con Dios en vez de que la gente tenga un alto concepto de él y que lo admire y respete, lo considere grande y fuerte y santo—¡lo que de todos modos no es la verdad!

Te animo a grabes bien en tu mente esta norma. Los que aman la luz son los que andarán con Dios y tendrán comunión con Él que ha vivido en la eternidad y que tiene comunión con Sus hermanos en gozo completo.

La Fidelidad en las Cosas Pequeñas

Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. (Santiago 4:6-8)

Una de las inversiones del mundo invisible que debemos hacer se encuentra en este pasaje. Tiene que presentarse el momento en el nos enfrentemos al hecho de que lo que hacemos, lo que pensamos, las actitudes que tenemos y las palabras que salen de nuestras bocas puedan ser dichas y hechas en el mundo visible, pero en realidad son asuntos del mundo invisible. Si me quejo a otra persona acerca de alguien o de algo, es fácil pensar que es algo solamente entre él y yo.

¡Pero no lo es!

“Someteos a Dios. Resistid al diablo.” Y por hacer esto, te acercas a Dios, que se acercará a ti…si huyes del diablo, si resistes a aquellas actitudes, a aquella decisión o actividad o palabra o tentación de retirarte cuando sabes que no debes hacerlo, si resistes al diablo en estas áreas de tu vida que no son como Jesús. Exígete: “No dejaré que estas palabras salgan de mi boca. Es algo sólo entre tú y yo. Si le digo a otro algo acerca de ti, o si solamente murmuro a mí mismo o me retiro de ti, en realidad estaré robándome una oportunidad para acercarme a Dios.”

“Someteos a Dios. Resistid al diablo.” Te acercarás a Dios, quien se acercará a ti. Ves, nos hemos robado varias veces. Hemos obstruido la vida de Dios. Hemos entristecido al Espíritu porque hemos apagado Su fuego. Como no nos hemos acercado a Él por someternos a Él en nuestros corazones, hemos permitido que las cosas pequeñas que consideramos de poca importancia nos roben—esas cosas como: “mi derecho a sentirme así, mi derecho a expresarme, mi libertad de palabra”. Sin embargo en el proceso nunca nos hemos preguntado: “¿Qué piensa Dios acerca de esta actitud? ¿En realidad es esta la manera como Jesús lo trataría?” Y porque hemos violado el Espíritu de Dios con la actitud que hemos tenido o las palabras que hemos dicho, nos hemos retirado de Dios en vez de acercarnos a Él. Si no nos sometemos a Él y a Su camino, de hecho nos retiramos de Él y desperdiciamos la oportunidad de que se nos acerque.

Entonces, ten presente que, sí, son importantes las cosas pequeñas. ¡Las cosas que puedes controlar son las que tienen mayor importancia! Los asuntos mundiales están a veces un poco fuera de nuestro alcance. Pero la verdad es que el futuro de cada uno de nosotros no está determinado por los asuntos mundiales. Está determinado por las cosas pequeñas.

“Pues, voy a violar a mi consciencia sólo un poquito. Sólo voy a vestirme en este tipo de ropa, ponerme esta clase de maquillaje, o arreglar mi pelo de este modo. Con este paso cruzo la línea en mi corazón que es la vanidad—aunque nadie más lo puede decidir por mí. Pero, de todos modos, lo voy a hacer. Tengo mis propias razones”. Y cuando crucemos esas líneas, cualquiera que se relacione a cualquier tema, entristecemos al espíritu de Dios, y nos estamos robando algo que podría ser mucho más pleno y rico de lo que estamos experimentando actualmente.

¡Acércate a Dios! Él dijo, “Ponme a prueba y verás. Si sacrifica esas cosas por Mí—ponme a prueba—ve si no te abriré las ventanas del cielo, y derramó abundantemente. Ponme a prueba”. Cualquier cosa que ahora tengas, podrías tener diez veces más, te lo prometo—diez veces más realidad en tu vida, diez veces más amigo de Jesús. ¡No hay límite! Lo que el Espíritu Santo te ilumina ahora es con lo que debes tratar. Trata con esas cosas que llaman la atención a tu consciencia cuando hayas dicho o hecho algo de una manera mediocre e incorrecta—que no era exactamente lo que Jesús quería. Quizás por pereza has hecho algo no muy bueno, quizás has ofendido a un hermano, has dicho una palabra inútil, te has reído de alguna broma grosera o de algo imprudente. Corrige todo esto que el Espíritu Santo trae a tu mente—arréglalo. No dejes que el Espíritu de Dios espere. Dios honrará eso. Él te llevará mucho más lejos de lo que cualquier otra cosa que ya pediste o imaginaste.

No Mi Voluntad

El propio Jesús fue tentado. Jesús mismo dijo, “Padre no se haga mi voluntad, sino la Tuya”. ¡Él tuvo un conflicto con el Padre! Si te digo, “Haré tu voluntad en vez de la mía”, eso significa que hemos tenido un conflicto pero que me someteré a tu voluntad. ¡Eso es lo único que puede significar esa frase! Hemos tenido una diferencia de opinión o distintas opciones que queríamos escoger, sin embargo me someto a lo que tú has escogido.

Tampoco la vida en Jesús se caracteriza por una ausencia de conflicto. En Gálatas 5, antes de hablar de los frutos del Espíritu, Pablo dijo que la carne y el Espíritu estaban en guerra, uno contra el otro. Hay una batalla entre el Espíritu y la carne. Tal como dice Romanos 8, si entregas tu mente a las obras de la carne, morirás. Si en vez de esto entregas tu mente al Espíritu, vivirás. Delante de nosotros hay una oportunidad para tener vida que es verdaderamente vida.

Seguramente hay una batalla en marcha. “Resistid al diablo, y huirá de vosotros.”

“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.”

“Edifica tu casa sobre la roca sólida del obedecer a Jesús, poniendo Sus palabras en práctica, para que cuando vengan los torrentes y vientos, te quedes firme”.

Hay un proceso de creer en Jesús y fortalecerte en Su Verdad y funcionar de acuerdo a la vida que Él vivió y a las verdades que Él enseñó. Porque le amamos, nos acercamos a Él y a Su Camino. Queremos andar junto con Él, así que andamos de acuerdo con Él en vez de crear nuestro propio camino. Jesús es el Camino, entonces cuando haya disputa, corramos a Él. Cuando haya conflicto, sometamos nuestra voluntad a la de Él. Habrá conflictos, pero nos entregaremos a Sus Manos.

“Todas las cosas se convierten en sombra por Tu resplandor”. Mientras le contemplamos, nos transformamos de un grado de gloria a otro grado de gloria. Si nos sometemos a Él, entonces Su Vida fluye dentro de nosotros.

¡Respóndele!

El seguir a Jesús no es cuestión de encerrarnos a orar y allí sentarnos y nada más, contemplando y meditando. Jesús no era así ¿verdad? ¿Sólo contemplaba y meditaba? Pues, Jesús es el modelo. Otra vez, “El que dice que permanece en Él, debe andar como Jesús anduvo”. Entonces el proceso de seguir a Jesús no es cuestión de inactividad y dejando que algún Ser Espiritual allí actúe mi lugar.

Recuerda que Jesús dijo, “No hago nada que no veo que mi Padre hace. Sólo hago lo que el Padre hace a través de Mí.” Aunque siempre estaba tranquilo, Jesús era una persona muy ocupada. Cambió muchas vidas. Dos mil años después, Jesús todavía cambia vidas. No hay duda de que era y es un trabajador. Pero lo que Jesús hizo fue responder a la motivación del Padre. Jesús no extrajo ideas y conceptos y doctrinas y mandamientos de la Escritura y de allí luchó por hacerlos, con esperanzas de que el Padre estuviera agradecido. Su Vida no era así. Era escuchar y responder.

El autosacrificio no proviene de ser “comprometido”. El autosacrificio proviene del oír la voz de Dios y entregarnos a Sus manos—con nuestro dinero…tiempo…una llamada…cuando no estemos muy dispuestos a pedir perdón. Cuando seguimos a Jesús, Él obra en vosotros “tanto el querer como el hacer”, para su beneplácito.

Conociendo la Voluntad de Dios

¿Cómo es que puedes “comprobar cuál es la buena voluntad de Dios agradable y perfecta”? “Presentad vuestros cuerpos como sacrificio vivo” y “no os conforméis a este mundo” y por lo tanto “transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” para que puedes comprobar cuál es la buena voluntad de Dios (Romanos 12:1-2).

Para ser uno con Cristo y estar en unión con Su voluntad, requiere que dejemos de amarrarnos a las cosas del mundo y que lo escuchemos. Y haciéndolo así, estamos “transformados” —por contemplarlo, por ofrecer nuestros cuerpos como sacrificio vivo y rehusarnos a parecer como parece el mundo, ni actuar como ellos actúan, ni hablar como hablan ni apreciar lo que aprecian. Si le damos valor a un tocador de CD igual que ellos lo hacen, no podremos discernir la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios. Si apreciamos un carro de la misma manera que ellos lo aprecian, no podremos oír a Dios. Si tenemos en cuenta nuestra apariencia de la misma manera que ellos la tienen en cuenta, no podremos oír a Dios. Nos estaremos robando la habilidad de andar en unidad con Él si corremos atrás de los ídolos de este mundo. Aprendemos a descansar y a mirar hacia Él cuando los apetitos de la carne se levantan en nosotros. Descansamos cuando las opiniones del hombre, se nos oponen con la posibilidad de la destrucción de nuestro mundo por el odio del hombre o por nuestro propio fracaso. Cuando cualquiera de estas cosas se peleen contra nosotros, si hallamos en Él nuestra vida y esperanza, habrán paz, verdad, victoria, madurez y crecimiento.

Dios hará que “todas las cosas cooperen para el bien”, esto es, para los que amen y se alineen con sus propósitos. Si tú te quedas con Él pase lo que pase hasta tu propio fracaso, Él te traerá a Sí Mismo y cambiará todo lo que el enemigo intentó que dañe tu bien, Él convertirá las debilidades de tu pasado en los puntos fuertes de tu futuro. Cambiará la misa cosa que Satanás usó con la intención de destruirte a la misma cosa que tú usas para destruir a Satanás, mientras ayudas a otros en el mundo y a tu alrededor, a traer a otros en la fe, y llegas a ser sensible a lo que otras personas nunca verían.

Deja que Dios sea tu Esperanza, tu Roca, tu Fortaleza, tu Torre Alta, tu Verdad, tu Camino, tu Pan, tu Vida, tu Luz. Deja que Él sea todo esto en el momento de tu fracaso o tentación o el deshacer de tu mundo a tu alrededor. Descubre en Él tu satisfacción, tu justicia, tu revelación, tu salvación—no estás en ningún peligro. Si Él es todo esto, si te quedas con Él y crees en Él con todo tu corazón, porque lo ha prometido, porque Él es el “Sí” y el “Amen”, porque tiene las llaves de la muerte y el infierno—¡entonces nada te puede tocar! Serás “firme e inconmovible”. “¿Dónde está, muerte, tu aguijón? ¿Dónde, sepulcro, tu victoria?”

¿Se puede ver? ¿Se puede mirar bien? ¡Él es nuestra Vida!

¿El Bien vs. el Mal, o La Vida vs. La Muerte?

El seguir a Jesús siempre ha significado el buscar la vida en vez de ser jueces entre el bien y el mal. Según la mayoría de la multitud que seguía a Jesús, Él era “bueno” cuando dio de comer a los miles, pero “malo” cuando demandó que comieran de Su carne. ¡Desde el punto de vista natural, tenían razón! Claro que es bueno dar de comer a los que tienen hambre, pero es malo—es de mal gusto, vulgar, al punto de padecer megalomanía—demandar que otros vivan por alimentarse de uno. Así que la popularidad de Jesús disminuyó cuando la multitud primero lo juzgó como bueno, y después como malo. Pero los seguidores verdaderos de Jesús hicieron decisiones según una medida distinta. Cuando los demás rechazaron Sus enseñanzas duras, y cuando Jesús también les ofreció que se fueran, Pedro resumió su reacción: “¿A quién más iremos? ¡Tú tienes vida!” Sólo los que escogen la base de la vida seguirán a Jesús hasta el fin.

Casi cualquiera, si sabe la Biblia, puede distinguir entre lo que considera el bien y el mal—por eso existen centenares de denominaciones distintas y montones de sectas sólo en los Estados Unidos. Cada quien tiene su propia medida del bien y del mal determinada por su propia personalidad, ambición y don. Quizás alguien edifique una denominación entera en base a un tema en particular—por ejemplo, las misiones—porque es el don de un sólo hermano. Da énfasis a ese don, y un grupo entero de personas forma en base de ello. Al fin, eso es lo que representan: las misiones. El enfoque de otro grupo es la salvación, otro los milagros, etcétera. Puedes repasar una lista de denominaciones y ver el enfoque de cada grupo de creyentes y lo que han enfatizado como la característica central del cristianismo. ¡El enfoque está en algo que Cristo da—y no en el propio Cristo!

Pero una concepción individualista de lo que es “el bien” y de lo que es “el mal” no empujará a una persona que anda por el Espíritu de Dios. Cuando tal persona se encuentra por primera vez con otros creyentes—sin saber nada acerca de sus doctrinas o costumbres—no los examina para ver en cuál denominación se crearon ni los pone a prueba acerca de la teología para ver si creen exactamente en las cosas correctas—según lo que se ha declarado “correcto”. El creyente motivado por el Espíritu no busca “el bien” ni “el mal”, sino la vida o la muerte. Todos los detalles de la doctrina o de la práctica se resolverán si los dos creyentes andan en la vida. Muchas veces hay tanto temor en nuestros corazones que si vemos algo que no nos parece tan “bueno” como debería ser—quizás alguna cuestión doctrinal—empezamos a enfocar en aquella cosa con mucha energía y construir muros sobre esa cuestión. Sin embargo, la única cuestión verdadera es la vida y la muerte—porque cualquier otra cuestión se puede resolver.

Si nuestra base es la vida, podemos resolverlo todo, cada diferencia de doctrina, teología o escatología. No resolveremos nada—como 2,000 años deberían ser testimonio suficiente—por demandar que todos tengan el mismo proceso de pensar y crean exactamente las doctrinas correctas y hagan precisamente las cosas correctas. ¡Nunca llegaremos a un acuerdo verdadero con este tipo de base. Cuando trates de comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal—o sea, que esta doctrina y esta denominación y esta superestructura teológica son correctas y este análisis es la forma correcta de tratar con las Escrituras—morirás, y causarás la muerte de otros.

Ahora pues, déjame decirte esto: Si tu base es la vida, vas a desear, ver y buscar con fervor la vida, y darás tu vida por lo que percibes es la vida de Cristo y Su aroma. Cualquiera otra cosa será una abominación. No puedes tener comunión con lo que no es vida, no importa lo correcto intelectualmente que parezca. Y descubrirás que tienes muchos enemigos. En hecho, si de veras vives por el Árbol de Vida, te digo que en tres años te matarán a causa de ello. Alguien quien amó tanto como Jesús amó y quien ha dado tanta prueba de su valor como Él lo hizo, no duró más de 36 meses antes de que lo mataran por vivir de esta forma. No juzgó a nadie según su forma de analizar las Escrituras. No juzgó a nadie según su teología. Realmente no dijo casi nada sobre estos asuntos. Acerca de ciertos asuntos básicos, Él dijo, “Hay otra cosa, amigos: hay la resurrección. Ya pronto se los voy a probar”. Corrigió a los saduceos en este punto. No hubo una ausencia completa de enseñanza doctrinal, pero ella no fue Su enfoque mientras vivía los días de Su vida.

Lo que buscaba Jesús fue la vida. Lo que era vida pudo transformar en teología correcta. El Señor del sábado estaba dispuesto poner en práctica la definición del sábado junto a sus seguidores. Por otra parte, la mayoría de los hombres que habían analizado correctamente la Palabra de Dios en el idioma original hebreo observaban cuidadosamente el sábado—y murieron en sus pecados y se fueron al infierno. ¡No importó lo que pensaban acerca del hebreo original! Rechazaron la vida a causa de su deseo de comer del Árbol del Conocimiento. Estudiaban las Escrituras con diligencia, pensando que esto iba a producir vida—pero ¡no la produjo! Jesús era vida. Los escribanos y maestros de la Ley murieron en sus pecados porque rechazaron el propósito de Dios para sus vidas, como claramente les dijo Jesús.

Entonces, si nunca más aprendes a hacer ninguna otra cosa, aprende a cómo distinguir entre la vida y la muerte. Si juzgas a otros según el conocimiento del bien y del mal, lo correcto y lo erróneo, la verdad y la falsedad, en este plan, rechazarás a algunos que son la niña del ojo de Dios. Por otra parte, si buscas el aroma de vida, el olor dulce de la vida de Cristo, puedes resolver lo que sea mientras andas junto con él en el camino, porque los dos tienen el deseo, fe y valor para hacerlo. Cada uno de los dos ama la Palabra de Dios y el Dios de la Palabra, y juntos pondrán andar en el camino que está por delante viendo el Lirio del Valle y la Rosa de Sarón y los Cedros del Líbano. Sólo gozarás de esto que se llama la teología, creciendo en el aprendizaje de la profundidad de las riquezas de Cristo. Te gustará mucho esto. Juntos lo devorarán. Será tu desayuno, almuerzo, cena y merienda de medianoche todo junto, una aventura de amor y vida. Pero si tratas de hacerlo con alguien que come del Árbol del Conocimiento él te destrozará. No tomará mucho tiempo y sin encontrar que te es imposible andar con ellos, no importa cuán correcto parezcan en cada punto doctrinal.

Traza tus límites de esta forma—conforme el Espíritu, en vez de la carne. Fija los límites conforme al aroma de Cristo. Encontrarás que no puedes andar junto con una persona que quizás tenga 47.000 cualidades admirables, y que todavía le algo falta. Por otra parte, encontrarás a alguien que no tiene ni siquiera 47 cualidades favorables, sin embargo hay algo en su forma de vivir su vida que produce un aroma. Cuando se encuentre con un obstáculo, le verás voltearse hacia Jesús con una cara dulce, inocente y refrescante de una forma muy simple. Se mantiene callado en vez de quejarse, y ante la adversidad, con una lágrima en los ojos, sonríe y acude a Jesús. Mira, podemos resolver todos los detalles de la teología si uno realmente vive en Jesús, si Jesús es tu Vida y tu Todo en Todo.

“Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste…”

“Todos los que aman su venida…”

Podemos resolver la escatología de cómo será su venida, con tal que todos anhelemos aquella venida, y dedicados a cambiar las cosas en nuestras vidas que existen como estorbo entre Él y nosotros. “Todo aquel que tiene esta esperanza en Él (en Su venida), se purifica a sí mismo, así como Él es puro.” Juntos podemos seguir adelante en estas condiciones con los que tienen a Cristo dentro sus vidas.

La decisión para tener comunión es a base de eso: la Vida de Cristo.

De un Grado de Gloria a Otro

Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pedís en mi nombre, yo lo haré. (Juan 14:11-14)

A los que antes conoció, también los predestinó para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Romanos 8:29-32)

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, (Efesios 1:3) El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor. (2 Corintios 3:17-18)

Entonces viendo la valentía de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, e admiraban; y les reconocían que habían estado con Jesús. (Hechos 4:13)

Es una Cuestión de Fe

En el sentido verdadero de la vida sobrenatural y logros emanado de ti, donde los demonios tiemblan cuando entres en un cuarto—tu límite como un hijo de Dios no se relaciona a tu educación, a tu talento ni a tus experiencias. Jesús dijo, “Conforme a vuestra fe os sea hecho”. Cuánto crees en Dios—esto es lo que libera el poder de Dios para cambiar el mundo visible e invisible, para poder decir “a este monte y no dudas: “¡Quítate y arrójate al mar!”

Ahora ¿cuánto tiene que ver esto con cuán bien te fue en una exposición oral? “Si lo hacer perfecto, puedes hacer llorar la montaña; puedes hacer que la montaña se derrumbe o temblar o sentir convicción”. ¿Ya ves que no tiene nada que ver con las cosas externas de talento o experiencia o intelecto? ¡No en la esfera de Jesús! Se extremó para probar ese punto por tomar unos pecadores sin estudio y llevarlos al punto de cambiar el planeta. Edificó la Santa Ciudad sobre los Doce Apóstoles del Cordero—unos rechazados, doce hombres que nunca hubieran tenido éxito en la esfera de negocios. Pero Él transformó sus mismas personalidades. Cambió la forma en que veían la vida. Cambió su esfera de éxitos y los llevó al lugar de honor ante el trono de Dios y ante los hombres, aunque ninguno tenía el intelecto ni la experiencia ni el estudio ni el talento que nos hubieran llevado a creer que esos eran los hombres que llegarían a ser los pilares de todo esto que se llama el cristianismo.

¡Todavía hay los mismos tipos de milagros por suceder! La persona inhibida que se olvida que ese ya fue el caso. O el que no se considera muy inteligente, pero comprende los misterios profundos de Dios. Tal vez todavía no sabe lo que significa: e=mc², y no le importa. Pero los misterios profundos de Dios son revelados por el Espíritu al hombre interior—así declara Pablo en 1 Corintios 2. Cristo vive en nuestros corazones y nos atrae a la presencia de Dios para que nos pueda susurrar los secretos de Dios. ¿Por qué? Porque somos Sus amigos. Porque hemos puesto nuestras vidas a Sus pies y tenemos fe en él, Él nos utiliza como un vaso para Su Vida Sabiduría divina y Su Sabiduría divina. Es una cuestión de volverse vasos y no una cuestión de merecer algo.

Entonces lo que quiero que veas es que no hay absolutamente ningún límite para lo que Dios puede hacer—no estará limitado por tu personalidad, por cómo tú eres, por tu potencial de tener éxito en la esfera académica o comercial. Es irrelevante el hecho de que puedas llegar a cumplir algo significante en el mundo natural. Ni siquiera puedo convencerte cuán irrelevante es el gran intelecto o la gran personalidad que tienes, o si es que tienes un mal intelecto o mala personalidad. Si tienes cualidades tremendas de ser líder o no—ni siquiera puedo comenzar a decirte qué poca importancia tienen con relación a lo que puedes hacer en el Reino Eterno de Nuestro Dios Viviente.

La fe es la cuestión. ¿Crees en las promesas de Dios? ¿Crees en Él? ¿Es Cristo tu Todo? ¿O estás solamente agregando Cristo a lo que haces? ¿Usas a Cristo para hacer cosas para ti, o es Cristo tu Todo?

Si Cristo es tu Vida, no estás limitado por tu piel. No te restringe la actividad de tu cerebro. Tu único límite es hasta qué punto confías en las promesas de Dios y crees que Jesús ha cumplido cada una.

No es que Dios haya dicho algo y nos haya lanzado un rollo de Escritura aquí abajo, Dios no nos arrojó estas promesas desde lejos y esperó que pudiera razonar con nosotros hasta que estuviéramos convencidos creerlas. Las cumplió en SU Hijo, Jesús. ¿Puedes ver que Él caminó sobre el agua? ¿Puedes ver que Él terminó Su Andar terrenal diciendo:

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Tú puedes venir al Padre también si vienes por Mí. Y harás obras todavía más grandes que las que yo hice, porque estoy aquí para mostrarte el Padre y mostrar lo que puede ser tu identidad en Él. Soy el Camino. Si escondes tu vida en Mí, y si permites que Yo sea la respuesta a cada pregunta acerca de quién eres y lo que puedes hacer, y si obedeces Mis mandamientos—empezando con este—entonces todo lo que pides en Mi Nombre se hará”.

Jesús no hace promesas vacías. Mientras caminaba sobre el agua y resucitaba a los muertos y curaba a los ciegos y confundía la sabiduría de los sabios, Él estaba demostrando la simplicidad de la carne y la sangre, escondidas en el camino al Padre. Cree en el que el Padre ha enviado, y deja que Jesús sea toda la respuesta para ti.

Si hay una “falta de comunicación” (así lo llamaremos) en tu matrimonio o con tus compañeros de trabajo, da un paso hacia atrás y mira lo que está pasando exactamente. Acuérdate de quién eres en realidad mientras te relacionas con el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Da un paso hacia atrás y sonríe por lo que Jesús es en ti. Parece muy insignificante tu frustración en comparación a la realidad ¿verdad? El impulso de responder en forma pecaminosa parece tan poderoso, pero ese es sólo una espejismo en comparación a Él que vive dentro de ti. Considérate muerto al pecado porque estás muerto al pecado—es por eso que lo puedes considerar así. No es un juego mental; es un hecho. Si quieres creer en espejismos y no hacer caso a la realidad, puedes hacerlo, pero el vivir así nunca te satisfará. Ya no eres esclavo del pecado. Búscalo en la Biblia: Romanos, capítulo 6. Tú no eres un esclavo. No tienes que seguir siendo un quejón o gimoteador; no tienes que ser perezoso o lujurioso. ¡Estás libre! Estás tan libre como Jesús.

¿Estás libre?

¿Está libre Jesús? Sí, sufrió, pero ¿Él está libre? Sí, está y tú estás igual de libre si crees en Él.

Un cambio genético ha sucedido en tu interior, una transformación, tal como un gusano se transforma en una mariposa. La “metamorfosis” es la palabra que el Espíritu Santo escogió para describir tu traslación de un reino a otro. Algo milagroso ha sucedido—has nacido por segunda vez. Cada persona nacida por segunda vez—por la sangre de Jesús, por la Palabra de Su testimonio, por el rehusar amar tanto a Su propia vida que no se hubiera atrevido a morir—tiene esta misma calidad transformada, esa nueva creación. Has “resucitado para andar en una nueva vida”. ¡Ya no tienes que vivir tal como viven los paganos!

El Renovar de Tu Mente

Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen. Él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia; y Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía. Porque fue del agrado del Padre que en Él habitara toda la plenitud, y por medio de Él reconciliara todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz, por medio de Él, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos. (Col. 1:15-20)

¿Tienes alguna duda acerca de lo que es tu potencial espiritual cuando sabes que vive en ti esa Persona, el Espíritu Santo, que se describió hace poco? Piensa otra vez en este hecho, y piensa en términos realmente serios, olvidándote por un momento de tus fracasos anteriores. Olvídate de lo quepiensas que será tu potencial en la carne según lo que te ha dicho el mundo comercial o académico. Si no existiera un mundo comercial o académico para ponerte para abajo y si no hubiera gente no regenerada ni incrédulos para insultarte y suprimirte, si todo lo que tuvieras en tu vida fuera la Palabra de Dios, serías una persona totalmente diferente. Serías transformado en tu capacidad de absorber, comprender y andar en la plenitud de estas cosas de las que estamos hablando.

Todas nuestras experiencias que hemos tenido con nuestros padres e iguales en la escuela primaria, todas desde entonces hasta ahora, han tenido un efecto enorme en cómo miramos la vida. Si arrancaras todo lo que haya afectado tu vida o formado tu personalidad o la manera en la que te miras—si arrancaras todo sin dejar nada—y si tuvieras la Palabra de Dios solamente para formar una opinión de ti mismo y de quién eres y adónde vas y de qué se trata la vida, quedarías asombrado.

¡Eso es lo que ahora estamos haciendo!

Ya no te conformes con el modelo del mundo y transfórmate (transfigurar—el mismo proceso que ocurrió en el monte de la transfiguración). Transfigúrate en la renovación de tu mente, “para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Romanos 12:1-2). Ahora mismo buscamos la renovación de la mente. En verdad Dios nos transfigurará en la imagen de aquel Hombre que estuvo en el monte con Elías y Moisés, y cuya ropa fue blanca—tan blanca y tan brillante como el sol. Eso es lo que sucede en tu interior si oyes, retienes y perseveraras en las verdades de Dios, si sigues echando afuera toda la basura que te ha esclavizado, que te ha puesto para abajo, que te ha aplastado y golpeado y formado en la imagen del mundo. Nuestro propósito en estas pocas páginas es traer a la escena la Palabra de Dios, para que puedas suprimir, poner al lado y aplastar bajo el tacón de tu pie todo lo demás que ha formado tu forma de pensar y cómo piensas que debes vivir tu vida, para que todo lo que quede sea el verle en el esplendor de Su Santidad y la palabra de Su Fidelidad. El estar allí viéndolo sólo a Él como tu identidad, como quien tú eres y lo que es tu potencial: eso es el cristianismo—formado plenamente en el Padre, para el Padre, en la imagen del Hijo de Dios.

“Porque en Él fueron creadas todas las cosas.” La conformidad a Él que vive en ti es tu destino. Él puede consumirte de tal manera que la Vida que está dentro de ti sea ardiente y fervorosa—el embriagarse por el Espíritu que describe Pablo y “el poder de una vida indestructible” y “le gustaron los poderes del mundo venidero” de que habla el autor de Hebreos. Esta plenitud de la Vida de Melquisedec que no tenía principio ni fin, la plenitud de esa vida dentro de tus huesos—eso es el Cristo de quien hablamos ahora. Y tú estás en Él.

¡No Hay Ninguna Condenación en Cristo!

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.”

¿Por qué crees que eso es verdad? ¿Por qué crees que este versículo está en la Biblia? No puede ser ninguna condenación para los que están en Cristo, ¡porque Cristo no está condenado! Si estás en Cristo Jesús—si tu vida está escondida en Él—¿cómo puedes experimentar la condenación? Si experimentas autocondenación, esto solamente testifica que Él no es tu Todo. Hasta este punto todavía estás añadiendo Él a tu propia existencia, en vez de que estés perdido en la existencia de Él. Si tu identidad está perdida en Él, no puedes experimentar la condenación. ¡Es imposible! ¡Es inconcebible! Porque no hay condenación en Cristo, no hay condenación en ti—si es que estás perdido en Él. Si no estás perdido en Él, vacilarás, titubearás, estarás frustrado y miedoso. Andarás de acá para allá. Tus fracasos te controlarán. Tus éxitos te controlarán. Estarás titubeante siempre. Pero una vida escondida en Cristo no está sujeta a esas leyes naturales de éxito y fracaso, de pecado y victoria. Se basa solamente en el carácter inalterable de Jesucristo, “el mismo ayer, hoy y por los siglos”.

Esto es la fe “que ha sido una vez dada a los santos” que el Hijo de Dios vino al mundo a perdonar los pecados y morar en las vidas de los hombres. Esto es “el misterio que ha estado oculto desde los siglos y generaciones pasadas” y que ahora está entregado a todos nosotros: “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”. No mires atrás, no tengas temor. Todo lo demás aparte de “Cristo en ti” tiene que caer al lado como el capullo de una mariposa o la piel de una culebra—como algo muerto que se abandona. El Ser Viviente de Cristo mueve hacia adelante, mientras la muerte queda atrás. El capullo ya no tiene importancia para la mariposa ¿verdad? La mariposa ni siquiera vuelve para visitarlo; ya no es su hogar. Ya no existe el gusano; el capullo ya no tiene propósito. La culebra no vuelve a visita la piel para decir, “Allí estuve el año pasado”. Ni siquiera es su vida ya; ya salió, ya no tiene por qué preocuparse de ello.

Así es cada día para una nueva creación, alguien que de verdad está escondido en Cristo: “¿Eso fue pecado? Pues bien, lo estoy dejando atrás. No creo que aquello sea de Jesús, entonces ya no existe”. ¿Ves? No es de dónde pertenecemos, ni es quiénes somos, ni tampoco es parte de nosotros. Nos hemos despojado. Mientras caminamos en fe, hemos dejado atrás la piel de culebra. Sólo está allí, sólo es un testimonio de la gracia de Dios. Es todo lo que queda cuando caminamos por la fe en vez de lo que ve o por la carne.

¿Tienes tú la responsabilidad de hacerlo funcionar? ¿Tienes que analizarlo? ¿Tienes que arreglarlo todo? Cuando recibes un llamado en Cristo, ¿respondes: “Pues, nunca vivo así. He fracasado cien veces. Nunca lo lograré”? Mientras persistes en esta forma de pensar, ¡serás miserable! Andarás en fracaso por toda tu vida. ¡No te quedes allí!

Por otra parte, si estás muy despreocupado e insensible y traes puesta la armadura para que nadie te pueda amonestar, nunca creerás. El tener fe en Jesús no es decir: “Oye, no puedes echarme la culpa de eso. Estoy libre en Cristo. No tengo que obedecerle a Jesús. Olvídate de todo eso, eso es condenación. No me juzguéis, para que no seáis juzgados”.

Así que el andar en fe no es cuestión de arrimarte en los propios esfuerzos humanos. Tampoco es no hacer caso a las enseñanzas de Jesús. Lo que te quiero decir ahora no es de ninguno de estos dos extremos. Sin embargo, una vida en Cristo es el poder decir: “en conformidad a Jesús de Nazaret —ese es mi destino. El obedecer al mandamiento del Padre es mi destino, ya que eso es quién Jesús es”. Con este corazón puedes recibir convicción. “Sí, quiero saber eso. ¡Amo la verdad! Quiero saber todo lo que me dices que es diferente del carácter de Jesús porque mi destino es cambiar. ¡Dímelo! ¡Dime todo! No tengo que tener vergüenza. No tengo que temer. No me puedes avergonzarme porque estoy en Cristo Jesús. No me puedes condenar porque estoy en Cristo Jesús. ¡No puedo fracasar! Mi destino está en Él. Su salvación es mi salvación. Su santidad es mi santidad”.

Esto no quiere decir que no necesito crecer en la imagen de Dios y ser perfecto como Él es perfecto, y purificarme como Él es puro. Cuando alguien traiga verdad a mi vida, puede ser que tome un minuto para analizarlo porque mi reacción inicial podría ser defensiva o tratar de justificarme. Pero en mi corazón puedo dejar de lado todo esto y escuchar bien lo que dice y andar en fe mientras lo escucho, puedo decir: “Si estás en lo correcto, quiero saberlo ¡porque el ser transformado es mi destino! No quiero que nada estorbe la posibilidad de quien yo pudiera ser, y no permitiré que la racionalización ni justificación, temor ni compromiso, el echar la culpa a otros ni nada que me detenga. Quiero mi destino entero”.

Cada Bendición Espiritual en Cristo

“¡Cristo en vosotros, la esperanza de gloria!”

Debido a esa esperanza bendita, no hay temor. No debes retrocederte. Es con ese corazón, esa actitud con los cuales debes enfrentar la vida—cada día—y con esta esperanza en tus ojos. Es por eso que puedes regocijarte para siempre. Es por eso que puedes tener la paz que sobrepasa todo el entendimiento o comprensión. Es por eso que puedes tener un “gozo inefable y glorioso”.

No es solamente porque Dios te toca fuertemente, y de repente andas siempre con una sonrisa pintada en tu cara: “¡Soy salvo! Tengo sonrisa. Soy feliz”. No es por eso que tienes gozo—es porque Dios te tocó. Tienes gozo porque en tu interior estás comprendiendo la plenitud de Cristo siendo tu Todo en Todos—y, sí, esto es algo sobre lo cual se puede para ser feliz. Hay una razón verdadera para ello: “No puedes condenarme; no puedes hacer que retroceda en temor. ¡Si de verdad estoy mirando a Jesús y escondiendo mi vida en Él, hay una seguridad y paz que no se pueden quitar! Me puedes acusar; me puedes insultar; puedes pisarme; me puedes quitar todo lo que pudiera ser considerado una posesión. ¡Sin embargo, no me puedes destruir!”

Mientras veo a Jesús, lo exalto con los ojos de mi corazón. Entiendo que tengo una unión con Él, que los dos ahora somos uno solo. Mientras puedo ver eso con los ojos de mi corazón (no quiero decir sólo con la mente, sino con los ojos de mi corazón), hay una paz y fuerza interior, una plenitud que dice: “Cristo es mi Todo en Todos. No sólo me da cada bendición espiritual, Él es cada bendición espiritual. Y tengo cada bendición espiritual porque lo tengo a Él”. No es lo que Él puede hacer por mí; es Quien es Él: “YO SOY EL que SOY” Él es todo—todo lo que necesitaré, todo lo que seré. Se encuentra todo en Él, y es mío para recibir. Lo recibe por fe.

“Hasta donde alcanza la vista”, le dijo a Abraham, “en cualquier dirección que quieres mirar—hasta donde alcanzas ver—esto es tu terreno”. Y esto es lo mismo que te digo ahora. Hasta donde alcanzas a ver quién Jesús es, ¡este es tu terreno! Hasta donde estás dispuesto a ver—si quitas tu mirada en ti mismo, en tus zapatos, si levantas la barbilla de tu pecho y miras hacia el horizonte, entonces en cada dirección que puedas ver del carácter de Jesús, este es tu terreno. Y el Padre anhela dárselo a todo el que tenga fe. Está buscando por toda la tierra, a alguien que tenga fe, para cuando vuelva Jesús.

No estoy hablando del talento. Ni hablo del compromiso. Ni tampoco hablo de la santidad, ni de horas de oración. Lo que quiero decir es creer que lo que Jesús dice es la verdad, y el rehusar permitir que alguien ni nada te disuada de ello, para que ni siquiera tus propios fracasos te convenzan que algo que Jesús dijo no es verdad.

“Pues, y ¿qué es esto? ¿Y aquello otro?”

“¡No! No lo aceptaré. Jesús no es un mentiroso. ‘Deja que Dios sea verdadero y todo hombre mentiroso’. Sus promesas son ‘¡Sí!’ y ‘¡Amen!’ Jesús es el Sí y a eso añado mi Amen. ¡Así sea!”

Jesús cumplió las promesas, la Ley y los profetas. Toda buena dádiva y todo don perfecto vienen de Jesús. ¡Sólo Dios es bueno! Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre, el Maravilloso Consejero, Dios Poderoso, Padre de la Eternidad, el niño que nació y que nos lo fue dado, Emanuel, Dios con nosotros, Dios en nosotros—esta es la respuesta del Padre para cada pregunta y cada necesidad. Y Él está allí, para que lo tomemos si queremos, recibiéndolo por fe, no importa lo que veamos—lo que pensamos que vemos—cuando nos miremos en el espejo. Sabemos que Él es Quien que dice que es, y por fe poseemos todo lo que Él es.

La conformidad a la imagen de todo lo que era y es Jesús de Nazaret: ¡este es nuestro destino! Estamos en el proceso de volvernos como Él. Y eso no es solamente una posibilidad, pero realmente estamos en el proceso de volvernos como Él, por la gracia y gloria de Dios, por el poder del Espíritu Santo, quien resucitó a Jesús de entre los muertos. Eso es quien llegaremos a ser.

¡Nunca dejes de creer! ¡No dejes que alguien te quite tu corona!

Una Oración

Señor Jesús, Tú eres el Bautizador Poderoso. Y no queremos que nada fuera de Ti llene nuestras vidas y nuestros corazones. Sabemos que cualquier otra cosa es insostenible. Todo lo demás fracasará bajo el peso de este mundo y su tentación, y también bajo la presión de los enemigos del Evangelio. Sabemos que lo demás fracasará fuera de Ti. ¡Entonces queremos edificar sobre Ti! No hay otra Roca. No hay otra Fortaleza. No hay otra Esperanza. No hay otro Camino.

Tú eres nuestro Príncipe, nuestro Rey, y nuestro Amado. Tú eres nuestra Verdad y no necesitamos ninguna otra verdad sino Tú. Señor Jesús, Tú eres nuestro Rey. Te exaltamos como el Sumo Sacerdote sobre todo nosotros, como el Apóstol, como nuestro Maestro, como nuestro Amigo, como nuestro Hermano. Te exaltamos, Señor Jesús. Te amamos. Gracias por venir a nosotros.

Oramos para que nuestros ojos estén abiertos a la extensión plena imaginable, a todo lo que hayas planeado desde antes de los tiempos, antes de que la creación misma fuera formada, antes de que hayas ordenado a la vasta e inmensa oscuridad y caos y hayas dicho: Sea la luz. Nuestra oración es que Tú permitas a todo aquel que tiene un corazón puro y una consciencia buena y fe sincera seguirte, y permítele que él vea las cosas que son obstáculos para esto, y entonces levante sus manos hacia Ti, y Te agarre fuertemente así como nuestro hermano y pariente antepasado Jacó, Israel, lo hizo, y no lo sueltes hasta que Tú traigas la plenitud de la bendición que Tú siempre tuviste en mente para un mortal. Dios, que no haya ningún otro límite excepto nuestra disponibilidad de creer en Ti. Amén.

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Con amor y oración por tu vida en Jesús,

Mike Peters

lavidadecristo.com
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