Jesús es el Único "Jefe"

6/1/2003

Mulowe, África, 1996.

¿Qué Hace a un Líder?

Existen dos tipos de líderes. Uno es un líder de corazón, resultado de la relación actual con Dios. Y otro es un líder de posición que tal vez tenga un título y posiblemente es la “persona oficial” al frente, o jefe oficial. Jesús dice que un líder por posición no debería existir. Los líderes de la Iglesia en la ciudad donde vivo son aquellos que están más cerca de Dios HOY. Si un hermano o hermana no está andando cerca de Dios hoy, él no es considerado mucho como un líder. Si una persona que la semana pasada tal vez no estuvo tan cerca de Dios, pero hoy se arrepintió del pecado en su vida y ahora es más capaz de escuchar a Dios, ella está más próxima de ser un líder esta semana de lo que estaba en la semana pasada. “Ser un líder” es el resultado de una relación con Dios y el pueblo de Dios. No es el resultado de una posición. Entonces tenemos muchos líderes en la ciudad donde vivo, pero no tenemos ningún “cargo”. Un líder esta semana tal vez no lo sea la próxima semana. Jesús dice que toda autoridad en el cielo y en la tierra le pertenece a ÉL. Esto aún es verdad. Entonces, lo tanto que podemos escuchar a Jesús, a quien pertenece toda autoridad, será el tanto de autoridad que un hombre tenga—solamente lo tanto que él escuchase a Jesús. Punto final. Él dijo: “TODA autoridad en el cielo y en la tierra” pertenece a Jesús. Una persona que no conoce ni obedece a Jesús solamente puede ser una “figura decorativa”. Una persona así tal vez necesita ser obedecida mientras la conciencia lo permita porque ella tiene una “posición”, pero ellas solamente son “líderes” lo tanto que conocen, aman y obedecen a la Cabeza, Jesús.

Nacido de la Pereza

Existe en cada uno de nosotros un rasgo de pereza que nos hace querer escondernos detrás del telón y dejar a otra persona resolver nuestras batallas por nosotros. Es por esto que surgió una división entre cleros y laicos. A comienzos en la historia de la Iglesia, remontándonos al segundo siglo a 1800 años atrás, las personas comenzaron a querer un rey para reinar sobre ellas. Querían tener un “hombre santo” para estar al frente de la Iglesia.

Tal vez ese hombre tuviese una relación íntima con Dios, pero el pueblo de Dios al contrario de querer que todos fuesen sacerdotes, prefirió tener “un hombre santo” para luchar por sus batallas. Ellos buscaron tomar a un hombre y hacerlo rey de la iglesia. Y tal vez ese hombre fuese un hombre muy bueno. El problema no es la relación que ese hombre tenga con Dios; es bueno que todo hombre tenga una relación con Dios. Tal vez ese hombre tenga un don fuerte y válido, pero cuando él es designado como alguien especial y llamado como el “jefe de la iglesia”, ahí tenemos un problema. Este puesto solamente es de Jesús. Jesús es el único jefe de cualquier Iglesia Verdadera. Un “pastor” no debe ser el jefe de una Iglesia; no hay ningún jefe a no ser Jesús.

De hecho tiene un ejemplo en la Biblia de dos líderes bien diferentes. Samuel y Saúl eran dos líderes del pueblo de Dios, Israel. Samuel era un hombre de Dios que tenía influencia en la nación porque conocía a Dios. Samuel tenía muchas cualidades de un rey en Israel—pero ¡Samuel no era un rey! Sin embargo Saúl fue llamado rey. Israel quería tener un rey; quería tener un hombre como jefe. Ellos querían tomar a cualquiera para el lugar de Samuel y tener un “rey” como las naciones a su alrededor. En algunos sentidos el liderazgo pondría parecer igual, pero Samuel no tenía ninguna posición/ cargo. Samuel no tenía ningún cargo, asesor, ni salario. Él no fue “señalado para una posición” de rey. Samuel era simplemente un hombre de Dios tan respetado como un rey, pero no tenía ningún cargo ni posición. Él no era un rey. Él no era un “pastor”. Él simplemente amaba a Dios con todo su corazón y porque podía oír a Dios, él tenía influencia. Él no tenía ninguna posición…él tenía influencia. Si un hombre realmente conoce a Dios, él ayudará al pueblo de Dios. Si él fuere llamado por Dios, él ayudará a las personas. Vuelvo a repetir: un verdadero hombre de Dios no tiene ninguna posición… él tiene influencia. Job, capítulo 29, es una descripción de un hombre respetado por Dios y los hombres pero temido y odiado por Satanás. Tal hombre no necesita de un cargo o título o salario. Si usted es como Jesús es, no necesitará de “poder”.

Si yo soy un carpintero, yo trabajo con madera. Si soy un carpintero hago sillas, mesas o estantes de madera. Si yo soy un albañil, entonces hago cosas con ladrillos y cemento. Algo que yo hago con ladrillos y cemento es la prueba de que soy un albañil. Algo que hago con madera es la prueba de que soy un carpintero. ¿Dónde está la prueba de que yo soy un pastor? ¡La prueba es que amo al pueblo de Dios! Yo les ayudo. No necesito de un cargo para hacer esto. No necesito de un título. No necesito ser un jefe. Yo simplemente amo a las personas con el Don que tengo y les ayudo. La prueba de que soy un carpintero es la silla que hice. La prueba de que soy un pastor es que yo alimento al pueblo de Dios todos los días. Cuando veo a alguien que es parte del pueblo de Dios con hambre, esto parte mi corazón. Cuando veo a alguien que es parte del pueblo de Dios con problemas o en peligro, el corazón de pastor dentro de mí corre atrás de él para protegerlo. Esta es la prueba de que he sido ungido por Dios para ser pastor. No necesito una credencial o tarjeta de presentación. No necesito de un certificado colgado en la pared ni de un diploma de seminario. Necesito un corazón que ama y hace la obra de Dios y así produzco fruto sobrenatural en cualquier área que Él me haya dado don.

¿Usted es un carpintero? Haga sillas. ¿Usted tiene el Don de pastor? Ame a las personas. Aliméntelas, protéjalas y ayúdelas. ¡Eso es verdadero para cualquier don! La prueba de todo don está en el fruto que el produce.

El opuesto de todo eso también es verdadero, es claro. Es un hecho increíble que los paganos en ciencia y medicina e industria incluso exigen que aquellos con opiniones, críticas y habilidades dicho por si tengan algo para mostrar, algún fruto en sus vidas para demostrar que ellos tienen el derecho de si pontificar, sermonear o condenar a otros. En el mundo religioso, sorprendentemente, hay más bien menos integridad de la que los paganos demuestran. En religión, sin embargo, las personas son más bien ciegas y prejuiciosas. Críticas, habilidades, juzgamientos e incluso sabotaje y difamación de relaciones fluyen fácilmente de aquellos con frutos horribles en sus vidas, familias y asambleas. Totalmente sorprendente, pero verdadero, si usted observa la religión del hombre cuidadosamente y honestamente. Una persona puede tener habilidades en ingeniería, medicina o negocios y que hace cosas como mentir o difamar puede incluso ser encarcelado. Entretanto, en la religión, ellos pueden fácilmente juntar una audiencia entre los temerosos o sencillos o aquellos que pueden ser coaccionados, chantajeados o adulados hasta la sumisión a la maquinación o aquellos que tienen “habilidad” sin frutos. Es extraño pero verdadero. Pasa a toda hora porque es así que imperios defectivos mantienen sus números. Miedo, adulaciones, chisme, insinuación, calumnia o chantaje emocional. Conseguimos entender porque Jesús no fue bien aceptado en el mundo religioso de Su tiempo. Pero, nosotros podemos aprender de Él y abrazar las Escrituras, y procurar Frutos, no habladurías con agendas y estructuras escondidas, presupuestos e imágenes egoístas para proteger.

Bien, entendió la idea. :)

“¡Ustedes ME Rechazaron!”

Esto es verdad sobre cualquier don. Todavía los hombres destruyen mucho del cristianismo porque quieren un rey. Samuel no era un rey; era un hombre de Dios. Saúl era un rey, y él destruyó al pueblo de Dios.

Dios dijo: “Ellos no te rechazaron a ti, Samuel; ellos rechazaron a Dios”. Cuando queremos tener a un hombre como jefe, estamos rechazando a Dios. Samuel tuvo una gran influencia porque él conocía a Dios, no porque tenía una posición de rey.

Ellos se parecen mucho uno al otro, ¿no? Alguien de otro país podía venir a Israel y decir: “¡Ustedes tienen un rey! ¡Samuel es su rey!” e Israel iría a responder: “Bien, yo sé que él parece un rey porque todos lo respetan y estiman mucho, pero él no es un rey. No tenemos ningún rey sino a Dios. El hecho es que Samuel conoce muy bien a Dios. Entonces nosotros lo respetamos y lo amamos”. Otras naciones pensaban que Israel tenía un rey, el rey Samuel. Pero él no era un rey. Él era un hombre de Dios. Él no tenía ninguna posición. Él iba por ahí, iba por allá, él desaparecía y después volvía. Los reyes no hacen esto. Los hombres de Dios hacen esto. Israel quería colocar a alguien en lugar de Samuel cuando él quedó viejo. ¡Ellos querían tener un rey como las otras naciones (o como las otras denominaciones)!

Cuando queremos que alguien sea jefe sobre nosotros, alguien para luchar por nuestras batallas, entonces rechazamos a Dios. 1 Samuel 8:7 “No te han desechado a ti, sino que Me han desechado a Mí.” No debemos intentar tener hombres que sean nuestros jefes. Debemos amar a los Samueles que están en medio de nosotros y que conocen a Dios. Debemos respetarlos e imitarlos, sin embargo no debemos aceptar ninguna posición de jefe a no ser el mismo Jesús. Discernimos la voz de Jesús en Samuel. Y, como dice en 1 Corintios 14, cuando la revelación viene al próximo “Samuel”, el primer “Samuel” debe sentarse. Esto es muy bueno.

Las Consecuencias

Me gustaría que oyese lo que pasa cuando hay un rey sobre usted. Cuando quiere tener un “mandamás” o un clérigo. Aquí está el fruto ruin que bien dice:

“Esto es lo que hará el rey que los gobierne: les quitará a sus hijos y los forzará a servirle como soldados para que se hagan cargo de los carros militares y de la caballería. Se convertirán en sus guardias para abrirle paso al carro real. Los forzará a convertirse en soldados y oficiales, y nombrará quiénes tendrán a su cargo mil soldados y quiénes tendrán cincuenta. A algunos los forzará a sembrar y cosechar, y a fabricar armas de guerra y accesorios para sus carros. También les quitará a sus hijas para que le hagan perfumes, comidas y panes. Se adueñará de sus mejores campos, viñedos y olivares. Les quitará todo esto y se lo dará a sus oficiales. Tomará la décima parte de sus granos y uvas y se la dará a sus oficiales y siervos. El rey tomará para sí los siervos y las siervas de ustedes. Se apoderará de su mejor ganado y de sus asnos para que trabajen para él. También tomará la décima parte de sus rebaños. Y ustedes mismos se convertirán en sus esclavos. Cuando llegue ese tiempo, llorarán a causa del rey que han elegido, y entonces el Señor no les contestará. Pero el pueblo no escuchó a Samuel y decía:—¡No! Queremos tener un rey que nos gobierne para ser como todas las demás naciones. Nuestro rey nos guiará, irá delante de nosotros y peleará nuestras batallas.” (1 Samuel 8:11-20 PDT)

Cuando queremos tener un rey sobre nosotros, cuando queremos tener un jefe oficial en la Iglesia, él va a robar nuestra visión, robar a nuestros hijos y nuestro dinero y nos hará sus marionetas. Esas cosas no son buenas. Aunque acontecen en un medio religioso por el mundo entero. En todo país que ya hemos ido donde tienen clero/laico, donde hay dos clases de cristianos—los jefes y las personas normales—los corazones de las personas son robados. Los dones no sobresalen. El don de misericordia y el don de ayuda son aplastados. El don de enseñanza y el don de generosidad…estos son aplastados. Cuando un hombre ocupa el lugar de Jesús, los corazones de las personas son robados.

El pueblo de Dios prosperó debajo de Samuel porque él no tenía una posición, él tenía un don. Parece un pequeño cambio de Samuel para Saúl porque los dos parecen reyes. Pero uno es un don y el otro una posición. Cuando es un don, el pueblo de Dios prospera. Cuando ellos tienen una posición sobre los demás, el pueblo de Dios es aplastado, de acuerdo con la palabra de Dios. Dios aún puede sacar un provecho de esto. David fue un buen rey. Algunas cosas buenas pueden venir aunque el sistema fuere ruin. Más Dios dice: “Yo tengo una manera mejor. A mi manera es Samuel, no Saúl.” Él dice: “Puedo hacer algunas cosas buenas si tuvieren un rey, pero cuando los problemas vinieren, clamarán a mí, pero no responderé”. Es esto lo que viene ocurriendo en las denominaciones porque construyen alrededor del don de un hombre y hacen de un hombre su rey. Él podría haber sido un Samuel, pero ellos lo hicieron un Saúl. Y él aceptó que ellos lo hiciesen un rey.

Algunas cosas buenas aún pueden acontecer, más en el día de sus calamidades, ellos clamarán a Dios y Él no los oirá y las cosas caerán en pedazos. Va a haber intereses partidarios, disputas de poder, habrá chismes y calumnias, y todas esas maldiciones que Dios dice que irán a suceder. Sin embargo Dios podrá hacer muchas cosas buenas en cualquier situación, queremos solamente lo mejor. ¿No es verdad? Dios puede bendecir cualquier cosa en Su misericordia, Su bondad y Su paciencia. Pero vamos a construir a Su manera para que podamos recibir ¡la bendición completa! Vamos a tener muchos Samueles entre nosotros envés de un Saúl. ¿Amén?

Otra cosa que podría suceder, es cuando un hombre va para el seminario para recibir un título religioso, y, aunque su corazón pueda ser sincero, él tal vez será forzado por el título para hacer de cuenta que es algo que no es. Él podría tener muchas dificultades en su hogar, en su matrimonio, con sus hijos, con aquellos que viven con él, o con sus padres. Pero porque él tiene un título religioso, las personas irán a respetarlo envés de simplemente verlo como un hermano entre hermanos. Él tendrá que actuar de cierta manera que es diferente de la manera que él actúa en casa envés de simplemente ser un hermano entre hermanos. Tenemos algo dentro que nos hace difícil cuestionar la vida del “jefe”. Entonces los líderes en una Iglesia no deberían querer títulos que pudiesen entorpecer las aperturas y ayudas de otros en sus vidas.

lavidadecristo.com
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