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La Unción Sobre Todos—Jesús en Medio de la Familia

6/1/2003

Mzuzu, África, 1996

“Para poder hablar la palabra de Dios usted necesita ser ordenado.” ¿Eso es lo que la mayoría de ustedes siempre pensó que era correcto? Tengo buenas nuevas de Jesús para usted sobre eso. Está dicho en 1 Juan 2 (hablando a todos los verdaderos creyentes) que usted tiene una unción que es real y no falsa. El Espíritu de Dios, Jesús, el Gran Maestro, vive dentro de usted. Jesús es un maravilloso gran Maestro y Consejero. Pablo dice que si usted no tiene el Espíritu de Cristo dentro de usted, usted no pertenece a Él. Luego, si usted es un Cristiano, entonces Jesucristo—el hombre de mayor ordenación que ya vivió—vive dentro de usted. Esto quiere decir que si usted es un Cristiano, usted ya fue ordenado. ¡Aleluya!

No es una Posición o un Cargo—Sino Simplemente un Trabajo a ser Hecho

Existen tiempos en el Pueblo de Dios cuando ciertos trabajos necesitan ser hechos. Hay tareas tales como cuidar a los niños, distribuir comida, lidiar con asuntos financieros, ayudar a cuidar a las viudas y huérfanos, ayudar a cuidar de las casas y propiedades de las personas, fontanería o electricidad, ayudar a coser ropa o cosas de jardinería. Existen muchos trabajos a ser hechos en el Cuerpo de Cristo.

En Hechos 6 había un trabajo que necesitaba ser hecho. Este pasaje en las Escrituras no es sobre “recibir ordenación de sacerdocio”. Los siete hombres descritos aquí fueron hombres llenos del Espíritu Santo y de sabiduría. Ellos ya estaban haciendo una buena obra para Jesús. Ya tenían una reputación de ser humildes siervos de Dios. Nadie había impuesto las manos en ellos aún, pero ellos ya estaban hablando de Jesús. Entonces allí surgió un trabajo para alimentar a las viudas que necesitaba ser hecho. Entonces les impusieron las manos descrito en Hechos 6; esto tiene que ver con hacer un trabajo, no con hablar de Jesús.

También, de acuerdo con la Biblia, estos hombres no eran realmente “diáconos” como generalmente se piensa. Lo que ellos eran, es en realidad, aún mejor que eso. Leemos en 1 Timoteo 3 que los diáconos deberían de ser casados, pero por lo que sabemos, estos siete hombres no eran casados. La calificación necesaria en Hechos 6 para poder alimentar a otros era la de ser llenos del Espíritu Santo; no era la de ser casado o tener hijos.

Más tarde en su vida, Pablo fue a visitar a Felipe, que era uno de los siete. ¿Usted recuerda que Felipe tenía cuatro hijas que profetizaban? El Espíritu Santo describe a Felipe como “uno de los siete”, no “uno de los diáconos”. Habían diáconos en muchas iglesias en ese tiempo, pero el Espíritu Santo no dice: “Felipe, uno de los diáconos”. El Espíritu Santo dice: “Felipe, uno de los siete”. Este punto es importante. Hay una diferencia entre un diácono y alguien escogido para hacer una tarea.

Un diácono tiene tareas continuas, pero los siete hombres que fueron escogidos en Hechos 6 fueron escogidos para un trabajo específico. Hasta vemos que la tarea cambió más tarde al cambiar las cosas en Jerusalén. Vemos que Felipe va para Samaria y Esteban se va y proclama en la sinagoga, donde él es apedreado hasta la muerte, pero no vemos más discusión sobre ellos alimentando viudas. Algunas veces imponemos las manos en hombres o mujeres para hacer un trabajo específico y cuando ese trabajo termina o cambia, entonces no están más en esa posición.

Es un tipo de situación diferente, aunque, cuando la Iglesia es madura lo suficiente para tener diáconos y ancianos. Esos trabajos son continuos e involucran muchas cosas, como tomar la responsabilidad de ayudar en muchas maneras.

Cuando usted se vuelve un Cristiano, Jesús impone Sus manos sobre usted, y usted se vuelve un sacerdote. Usted se vuelve un anunciador y amante de las Palabras de Dios. Cuando la Iglesia crece y cambia, hay trabajo a ser hecho y tal vez la Iglesia escogerá dentro de ellos mismos dos o cuatro hombres que sean llenos del Espíritu Santo y de sabiduría. Quizás, si el trabajo fuere muy grande, la Iglesia escogerá siete hombres llenos del Espíritu Santo y de sabiduría e impondrán las manos sobre ellos juntos y los designará para el trabajo. En cuanto ese trabajo exista y ellos fueren fieles y obedientes en esa responsabilidad, entonces ellos tendrán esa responsabilidad. Si no fueren fieles en esa responsabilidad, debe ser sacado de ellos. Pero si son fieles, harán ese trabajo hasta su término. Para los diáconos y ancianos, este trabajo es a largo plazo. Pero también es verdad que si ellos no son fieles y obedientes, entonces la Iglesia junta, quizás debería quitar esa responsabilidad de ellos.

El Don de Apóstol

El apóstol Pablo dice que él era un esclavo escogido por Dios. No era porque él era alguien especial, sino porque Dios quería demostrar Su misericordia. Esto es verdad para todos los apóstoles. No son escogidos por ser especiales. Son escogidos como un trofeo de la misericordia de Dios. Pablo dice que la responsabilidad del don de apóstol es ser muy fiel todos los días como un esclavo en anunciar a los otros las grandes riquezas de Jesús. Pablo dice a los Corintios que si él no hiciera eso, una maldición terrible caería sobre él. Entonces él se volvió un esclavo de las Buenas Nuevas de Jesús y así él pasó su vida, independientemente del costo personal, hablando a los otros de las Buenas Nuevas de Jesús.

Existen muchos dones en el Cuerpo de Cristo y cada uno es especial. Pablo dice que los dones que todos los otros tenían eran muy especiales y que cada persona actuaría como un sacerdote y hablaría a los otros sobre Jesús. Él dice, aunque, cuando otros hablan de Jesús, ellos reciben grandes recompensas. Pero los apóstoles, Pablo dice, son maldecidos se no hablan de Jesús a los otros. El don o privilegio de apóstol es uno que es muy especial y raro. Pero también el costo es muy alto, de acuerdo con Pablo. Él dice que los apóstoles son como celadores en la Casa de Dios. En Efesios 3, Pablo menciona dos cosas que él hacia como parte de su responsabilidad como apóstol. Él dice que una cosa (v. 8) seria anunciar a los otros las inescrutables riquezas de Cristo. En el verso 9 Pablo habla de la segunda cosa a la que fue llamado, la cual era aclarar a todos como vivir en las inescrutables riquezas de Cristo. Él dice que les enseñaría como vivir en el misterio de Jesús—como aplicar el misterio de Jesús en sus vidas.

En 1 Corintios 3, Pablo se llama él mismo un sabio maestro constructor. Él no estaba diciendo eso por ser orgulloso, sino porque Dios puso esto en sus huesos. Dios le había dado gran misericordia y bondad, y puso dentro de él la habilidad de ver cosas que otros no conseguían ver. En 1 Corintios 15:10, Pablo dice que él había sido un hombre terrible, pero Dios le había mostrado misericordia por medio de no solamente perdonarle sus muchos pecados, sino también por haberle dado un don especial. Jesús da muchos tipos de dones diferentes. Todas las cosas que Jesús era, todas Sus diferentes partes, Lo dio a Su Cuerpo. De cierta manera, todos los dones son iguales porque todos son de Jesús. Pero el don que Dios le dio a Pablo era el don de apóstol. Pablo dice: “Yo ni merecía tener mis pecados perdonados. Pero porque Él perdonó mis pecados y me dio un don, trabajaré muy, muy duro con ese don a modo de decir gracias a Jesús por perdonar mis pecados.” Ese don era el de hablar a los otros sobre las inescrutables riquezas de Cristo.

Porque Pablo tuvo un don especial de ver lo que los otros no podían ver, él necesitaba ayudar a todo el pueblo de Dios a ver como caminar juntos. Esto es lo que el don de apóstol hace, y es por eso que ese don es muy importante en las iglesias de todo el mundo. Si usted pone 100 Cristianos dedicados en un solo lugar, todos ellos hasta podrían amar a Jesús de todo corazón y todos hasta podrían querer obedecer mucho a Jesús. Pero sin la relación con un apóstol de alguna manera en algún lugar, sería muy difícil saber cómo vivir esto juntos. Cristianos comprometidos, amorosos, pueden herirse uno al otro, pero los dones que Jesús da los ayudan a trabajar mejor juntos.

Juntando Las Partes

Podríamos tomar todas las partes de un carro—un timón, un parachoques, un motor, una puerta—y amontonarlos en un cuarto. Las partes podrían ser maravillosas, pero usted no iría a conducir muy lejos en este carro si todas las partes no fueren ensambladas juntas. De hecho, usted no conseguiría ir a ningún lugar en ese carro. El don de apóstol pone todas las partes buenas juntas. En las iglesias, necesitamos de los dones que ayudan a juntar las partes del carro. Es eso lo que Pablo está diciendo en Efesios 3. Él anuncia a las personas sobre el gran amor de Jesús y ayuda a ensamblar las partes de la iglesia para que ella sea una casa de Dios. Todos los dones maravillosos y todos los Cristianos comprometidos necesitan del don de apóstol para ayudarlos a ensamblar la Casa.

En Efesios 4, Pablo dice que Dios dio dones a la iglesia—apóstol, profeta y los otros dones para que podamos crecer todos juntos. Estos dones no nos hacen Cristianos, pero nos enseñan como crecer juntos. Ellos nos enseñan a no ser más como bebés, nos ayudan a crecer para que alcancemos la plenitud de la estatura de Cristo y nos ayudan a que todos juntos seamos ajustados y unidos. Pablo dice que ese don es muy importante para la iglesia para ayudar a las buenas personas a construir de la manera adecuada.

Muchas de las cartas de Pablo hablan sobre cosas muy prácticas. Él habla bastante sobre Jesús, pero lo que él dice mas es sobre como los Cristianos deben vivir uno con el otro. Él da enseñanzas prácticas sobre dinero, matrimonio, niños y viudas, y sobre como construir en la Iglesia en cuestiones de autoridad. Él les enseña acerca de su adoración, sus reuniones y como compartir uno con otro juntos.

Enseñar a todas las buenas partes (la manera de cómo ser un carro) era lo que Pablo más hacia con sus dones. En otras palabras, él les enseñaba como construir juntos para que pudiesen ir para algún lugar juntos; no queremos ser un grupo de partes amontonadas en medio del cuarto. Queremos ser un ómnibus para Jesús e ir para algún lugar. Queremos construir juntos y aprender cómo hacer nuestro trabajo juntos en amor.

Pablo dice que era bueno tener preguntas prácticas. En 1 Corintios 1, leemos como algunos de la casa de Cloé viajaron cientos de kilómetros para hacerle preguntas a Pablo. Ellos le hicieron preguntas sobre las divisiones que estaban teniendo, preguntas sobre el matrimonio o sobre que hacer cuando hubiese pecado en medio de ellos. Y porque su don era el de apóstol, él conseguía ver lo que había que hacer. El pueblo de Dios necesitaba de Pablo para poder ver y ayudar. Pablo no era una “Súper estrella”. Él sabía que tenía debilidades en su corazón y había caído en pecado en el pasado. Pero porque Dios amó a Pablo así mismo, Pablo buscaba decir “gracias” usando su don para el pueblo de Dios.

Algunas Preguntas Prácticas Sobre los Roles de los Hombres y las Mujeres

“Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos; sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad. Que la mujer aprenda calladamente, con toda obediencia. Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada. Porque Adán fue creado primero, después Eva. Y Adán no fue el engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en trasgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permanece en fe, amor y santidad, con modestia.” (1 Timoteo 2:9-15NBLH)

Eso es similar a 1 Corintios 14, y Pablo escribió las dos Escrituras por medio del Espíritu Santo. Entonces nosotros queremos entender lo que el Espíritu Santo estaba pensando cuando escribió estas cosas. El Espíritu Santo es una persona y Él tiene pensamientos y enseñanzas, como usted y yo tenemos. Si usted me dice algo, probablemente está pensando y sintiendo más de lo que está diciendo. Entonces queremos entender lo que el Espíritu Santo está sintiendo y pensando, siendo que el Espíritu Santo es una persona, no sólo palabras.

El corazón del Espíritu Santo es que Él ama a los hombres y mujeres igualmente. En Gálatas 3 Él dice que no hay hombre ni mujer, somos uno en Cristo. No hay judío ni griego, hombre ni mujer, esclavo ni libre. Si tenemos fe en Cristo, ahora nos vestimos de Cristo. Tenemos la vestimenta de Jesús—no de judío, ni griego, hombre ni mujer, negro, blanco, ni amarillo. ¡¿Aleluya?! Pero ahora todos somos Jesús. ¿De qué color es Jesús? ¿Es que eso importa? ¡Él es maravilloso! Y entonces, si tenemos fe en Jesucristo, todos nos vestimos de Jesús y no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer. Esto también fue dicho por el Espíritu Santo en Gálatas 3.

Pensamientos Preciosos Sobre la Autoridad

Hay muchas cosas que el Espíritu Santo piensa sobre el hombre y la mujer. Esas cosas son preciosas y necesitamos entenderlas juntos. Al nosotros considerar todas las enseñanzas sobre el hombre y la mujer, vemos que el Padre es la cabeza de Cristo. Cristo es la cabeza del hombre. El hombre es la cabeza de la mujer. ¿Pero Cristo no es lo mismo que Dios el Padre? Jesús dice: “Yo y el Padre somos unos”. Pero de la misma manera, el Padre está sobre Cristo, sin embargo ellos son uno. Tomás dice a Jesús: “Mi Señor y Mi Dios.” El Padre y el Hijo son uno.

Ciertamente Cristo es la cabeza del hombre. Pero si ya fuimos vestidos con Cristo, somos uno con Cristo. Entonces aún existe autoridad entre Cristo y el hombre, pero son uno en otra manera. Hay autoridad entre el hombre y la mujer. El hombre está sobre la mujer de la misma manera que Cristo está sobre el hombre. Pero el hombre y la mujer son uno en Cristo. Entonces, de cierta manera, el hombre y la mujer son iguales. Pero aún hay autoridad entre el hombre y la mujer.

Esas cosas son bien preciosas y usted necesita intentar entenderlas. El hombre puede servir a la mujer de todo corazón. El hombre puede amar a la mujer y estimarla profundamente. Un hombre, de cierta manera, puede hacerse un esclavo para la mujer como Cristo vino para servir a la Iglesia. Pero aunque Jesús lavó nuestros pies igualmente como lo haría un esclavo, Él todavía tiene autoridad. Del mismo modo, como el hombre estima y ama a la mujer, hasta se vuelve esclavo para ella en algunas maneras, él todavía tiene autoridad sobre ella y ella debe corresponder a eso.

Porque Cristo es tan bueno con nosotros y nos ama, nosotros no deberíamos olvidar Su autoridad, ¿o deberíamos? Hay autoridad en Dios. Y cuando el Espíritu Santo nos habla estas cosas en 1 Corintios 14 y 1 Timoteo 2, Él no está diciendo que los hombres son dictadores, gobernando sobre las mujeres con puño de hierro. Las mujeres no son esclavas que necesitan esconderse en el rincón en la oscuridad. Debemos celebrar los dones maravillosos que Dios dio a nuestras mujeres y hasta someternos a esos dones que Él puso en sus corazones. Pero las mujeres necesitan aún reconocer la autoridad que Dios ha puesto en el hombre. Entonces todas estas cosas son cuestiones del corazón. Todo en el Cristianismo es una cuestión del corazón, no es una cuestión de reglas y leyes. Jesús no nos dio una lista de reglas. Él nos enseñó sobre como tener Su corazón. Él nos enseñó a pensar como Él piensa. Por lo tanto nuestro objetivo en 1 Corintios 14 y 1 Timoteo 2 es tener el corazón que Él quiere que tengamos en esas áreas. La Biblia no es un libro de reglas, pero sí un camino de cómo tener un corazón.

Ahora ¿cómo se demuestra eso en la práctica? En una relación entre un hombre y una mujer, el hombre alimentará, cuidará y apreciará a su esposa. Él dará su vida por ella en cada manera posible, hasta en el sentido de volverse un esclavo así como Cristo lo hizo por la Iglesia. Al mismo tiempo la mujer oirá atentamente la voz del hombre porque ese es su corazón, así como el corazón de la Iglesia es oír a Cristo. El corazón de la mujer es de oír la voz del hombre y corresponder a él. Esto no es una ley, pero si una manera como Jesús quiere que vivamos en nuestros corazones. Cuanto más el hombre viva de esa manera para con la mujer, él podrá oír más a Dios. Cuanto más la mujer viva de esa manera para con el hombre, ella podrá oír más a Dios. Las Escrituras dicen: “¿Cómo pueden andar dos juntos si no están de acuerdo?”

¡La Autoridad nos Deja Libres!

Todos estos asuntos son muy, muy importantes. Cuando toda la iglesia está junta, si nuestros corazones y nuestras mentes son rectos, entonces el hombre tendrá mucho respeto y amor para con todas las mujeres (que no desaparecerán como los muebles). Los hombres amarán profundamente los dones en las mujeres y no van a querer que ellas entierren sus talentos. Las mujeres irán a respetar a los hombres y cuando están en la reunión de los santos, irán a entender la autoridad de los hombres y nunca se colocarán encima de esta autoridad. Pablo dice: “Yo no permito que la mujer enseñe con autoridad sobre el hombre”. Pero ellas pueden ofrecer sus dones.

Un ejemplo práctico: Si una mujer tiene algo ardiendo en su corazón para decir, ella no debe enterrar su talento. Ella no debe ignorar el don de Dios que está dentro de ella porque los hombres necesitan de este don. Nosotros necesitamos todo de Jesús desesperadamente. Entonces si una mujer tiene algo ardiendo en su corazón que ella quiere compartir, ella puede respetar la autoridad del hombre pidiendo permiso para hablar esta cosa. Ella debería girar primeramente, tal vez, personalmente a la autoridad sobre ella. Si hubiere un hombre que tiene autoridad especial sobre ella, entonces ella debería, tal vez, primeramente girar hacia él y preguntar si eso es apropiado. Tal vez entonces aquel hombre podría preguntar a la asamblea si está bien si la mujer habla. Si el hombre piensa que no es una buena idea que ella hable o si la asamblea piensa que no es una buena idea que ella hable en ese momento, entonces ella debería estar contenta de quedar en silencio. Ella no debería quedarse resentida o enojada. Ella no debe decir: “Está bien, yo nunca voy a compartir nada”.

Es así como la mujer puede ser Jesús para todos, con el hombre teniendo todavía la autoridad. El hombre valora el don de ella, pero la mujer no se impone. Cuando usted ve todas las enseñanzas de la Palabra de Dios juntos, lo que usted ve es que Dios tiene un corazón maravilloso para las mujeres. Una mujer no es como una silla o una mesa en un cuarto. Ella tiene la vida de Jesús y necesitamos mucho de ella. Pero ella también debe entender el orden de Dios y no ser orgullosa y arrogante. Ella necesita ser humilde para ofrecer su don. Ese es el orden de los ángeles, el orden de Dios el Padre y Cristo el Hijo, y el orden de hombre y mujer. Todos somos uno, pero hay un orden en Dios que nos ayuda a todos a trabajar sin problemas. Somos iguales y el don de una esposa puede hasta ser mejor que la de su marido, pero Dios le hizo un hombre y entonces hay orden. Tal vez él no merezca estar en el lugar de autoridad. Pero Dios escoge las cosas que debemos honrar para que podamos andar todos juntos para sacar a flote los dones y también amar el orden que Dios puso sobre nosotros para que podamos trabajar juntos.

Donde yo vivo, tenemos mujeres con dones muy, muy especiales. La Iglesia allá fue bendecida con varias mujeres que son muy, muy fervorosas en Jesús. Ellas irán a decirles la misma cosa sobre como es el funcionamiento dentro del Orden de Dios—estas cosas no son un peso, pero las dejan libres. Existe mucha libertad en ofrecer sus dones en vez de ellas mismas tomar el control. Es algo muy precioso estar en sumisión. Las mujeres irán a decirte que eso liberta sus corazones y las hace cantar dentro de ellas al ofrecer sus dones en vez de tomar las riendas. Entonces, mientras no deseemos reducir a ningún don, estos dones vienen como un ofrecimiento de las mujeres, y esto es cierto tanto en las casas como en las reuniones de los santos. Este es un corazón que es precioso para Jesús—un corazón que Él bendecirá.

¿Usted recuerda cuando Jesús habló con el centurión de la guardia romana? Él dijo para el hombre que vio en él la mayor fe de la que en todo Israel. La mayor fe que Jesús había visto fue en un hombre que dijo saber cómo es estar bajo autoridad y como tener autoridad. El guardia romano dijo que si él dijera a su siervo “Ve”, él va. Si él dijere a otro siervo “Ven”, él viene. Él dijo que él también sabía cómo respetar la autoridad e ir y venir bajo autoridad. Jesús dijo que ese era un hombre con la mayor fe que Él había encontrado porque sabía cómo corresponder con autoridad. Era algo que lo libertaba, no lo sofocaba.

Cuando Cristo es la cabeza del hombre, el hombre es libertado. Jesús dice que si no somos Sus esclavos, entonces somos esclavos del pecado. Cuando escogemos no dejar a Jesús ser nuestro Maestro, entonces el pecado se vuelve nuestro maestro. Pero cuando el Hijo nos liberta, somos verdaderamente libres. ¿Usted siente estas cosas en su corazón? ¿Cuándo usted obedece a Jesús, usted es libre? ¿Cuándo usted no obedece a Jesús, usted está sucio por dentro?

La misma cosa es verdad con el hombre y la mujer. Cuando respetamos el orden de Dios, no somos esclavos; somos libres. Pero cuando no estamos bajo este orden, nos volvemos esclavos de cosas equivocadas. Una mujer que no está bajo autoridad con fe irá a sentirse sucia por dentro. Ella quedará confusa y frustrada. Dios da la orden y autoridad en la familia y en la Iglesia—no para ser uno mejor que otra persona o decirles y ordenarles que hacer por acá. Él da la orden y autoridad para que todos podamos ser libres en amor y por la orden de Dios.

Conversando con Papi como una Familia

Estamos hablando de una manera de vivir, no de una manera de tener reuniones. Las respuestas a muchas preguntas prácticas son más fáciles de lo que aparentan al principio. Cuanto más nos volvemos una familia en verdad, más las cosas comienzan a tener sentido. La mayoría de las personas están entre ser una familia y ser una organización religiosa. Algunos grupos de personas son una organización religiosa por completo. Otros están en algún lugar entre ser una organización religiosa y ser una familia. Pero a medida que Dios trae a su Iglesia cada vez más cerca de ser una familia, entonces cada vez más las cosas comienzan a tener sentido. Cuando nos vemos como familia, las respuestas para diferentes preguntas comienzan a tener sentido. Porque nos amamos mucho unos a los otros, compartimos cada parte de nuestras vidas uno con otro todos los días. Ahora esto no es solamente acerca de reuniones. Más bien, es porque nuestras vidas están tan involucradas todos los días que los hombres saben cómo tratar a las mujeres y las mujeres saben cómo tratar a los hombres. Si sabemos cómo hacer eso en nuestros hogares y en nuestras calles, sabremos cómo hacer eso en las reuniones.

En todas las cosas, debemos reconocer el orden de Dios, pero también no debemos apagar el Espíritu. Nosotros debemos reconocer el orden, pero nosotros no debemos enterrar nuestros talentos. Entonces, si todos los Santos están juntos y Dios pone una oración en mi corazón, como un hombre yo tal vez debería preguntar si está bien que yo ore. Si fuese una mujer, probablemente yo iría a preguntar a un hombre si está bien que yo ore y él tal vez preguntaría a toda la asamblea: “¿Está bien si ella ora?” Si aquel hombre y la asamblea están de acuerdo, entonces ella está bajo autoridad. Ella está cubierta por autoridad si le pedimos que lo haga. Si ella simplemente decide hacer eso, entonces eso podría estar fuera de orden. Pero si todos queremos que ella ore porque ella es una hermana querida, entonces ella está bajo autoridad y en aquel momento es bueno. Estas cosas son verdaderas.

Debemos entender algo acerca de la oración. La palabra “oración” suena muy religiosa en nuestros oídos. Cuando nos volvemos más como una familia, la manera que en que trabajamos juntos tiene más sentido en las reuniones. Cuando todos nosotros nos volvemos amigos más cercanos de Dios, entonces orar tiene más sentido. En las religiones falsas, las personas “dicen sus oraciones”. En el Cristianismo de Jesús, nosotros tenemos una amistad con nuestro querido Padre. Entonces, que viene a ser una ¿“reunión de oración”? Yo no tengo la certeza si realmente sé lo que viene a ser una “reunión de oración”. Yo sé lo que es tener a la familia de Dios junta. Yo sé lo que es tener a la familia de Dios conversando con su Padre juntos de vez en cuando. Pero yo no tengo la certeza si realmente sé lo que viene a ser una “reunión de oración” en el Cristianismo. ¿Consigue ver la diferencia? Uno es religión y el otro es relación.

Nosotros no “decimos oraciones”, nosotros conversamos con nuestro Padre—al igual que un pequeño niño conversa con su papi. Un pequeño niño tiene una reunión de oración con su papi o ¿será que él simplemente disfruta conversar con su papi? Él necesita tener una reunión para conversar con él o ¿será que él simplemente puede conversar con su papi porque él lo ama? Bien, ¿y si todos los pequeños niños de Dios están en la misma habitación y ellos quieren hablar con Papi? Eso no sería una reunión de oración. Eso sería una familia siendo familia con su Papi. Entonces ahora usted tal vez podrá ver como colectivamente funciona la oración. Ella no funciona, ¡por si misma! Lo que podemos hacer, entretanto, es si un hermano ama a Papi y quiere hablar, y decirle eso a Él, cuando él termina, yo digo: “¡Me toca, me toca, yo quiero conversar con Papi!” Es así que nosotros oramos juntos. Es así que conversamos con Dios juntos, cuando Dios mueve nuestros corazones. Una hermana especial tal vez podría preguntar a un hombre: ¿“Está bien si yo converso con Papi ahora?” Y entonces ella está aún en orden porque el hombre tiene la autoridad sobre ella. Pero ella aún tiene la libertad de conversar con Papi si ella tomó los pasos para eso. Es así que las cosas pueden ser con enseñanza, con oración, con cánticos y con todo lo demás porque nosotros somos una familia juntos con nuestro Papi.

Queremos continuar quitando fuera todas las tradiciones de hombres y religión, y ser simples niños uno con otro. No necesitamos ser hombres santos y religiosos con cargos y rituales. Nosotros queremos ser niños que se aman uno con otro y con nuestro Papi todos los días. Las reuniones se encargan de sí mismas porque nosotros somos familia todo el tiempo. Conversamos con Papi juntos todo el tiempo. Nosotros traemos las enseñanzas de Jesús uno para el otro todo el tiempo. Si todos nosotros estamos en la misma habitación, es genial. Pero 30 minutos después fuera de la habitación eso no es nada diferente.

Una Pregunta Acerca de las Mujeres

Pregunta: “Pero la Biblia dice que cuando oramos, los hombres levanten las manos, pero las mujeres no levantan las manos. ¿Entonces las mujeres también pueden levantar sus manos? ¿Eso es correcto?

Buena pregunta. 1 Timoteo 2:8-9 (NBLH) dice: “Por tanto, quiero que en todo lugar los hombres oren levantando manos santas, sin ira ni discusiones. Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos…”

Él dice: “Quiero que en todo lugar los hombres oren levantando manos santas…también quiero que las mujeres se vistan modestamente…” ¿Eso quiere decir que los hombres no deben vestirse modestamente? Los hombres también deben vestirse modestamente, al igual como le dice a las mujeres aquí. Y él no dice: “Las mujeres no deben orar levantando manos santas”. Él no dice: “Los hombres no deben vestirse modestamente”. Los hombres deben vestirse modestamente. Las mujeres deben vestirse modestamente. Si un hombre levanta una mano, él debe levantar una mano santa. La palabra llave es “santa”. Él debe levantar una mano que es dedicada a Dios y que quiere servir a Dios. Si una mujer no viola la autoridad, si ella tiene una mano que quiere servir a Dios, tal vez pueda ser posible que levante su mano. Dios no dice que los hombres no deberían vestirse modestamente, al igual que le está hablando a las mujeres sobre vestirse modestamente. Dios no dice que las mujeres no deberían ser capaces de levantar las manos en oración, entonces me parece que no hay problema que ellas levanten las manos santas, así como es bueno que los hombres se vistan modestamente.

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