¿Y tú?
¿Qué has empeñado DE VERDAD, por Jesús?
2/7/2000
A unos cuantos amigos…
¿Qué has empeñado DE VERDAD, por Jesús y para mantener Sus Verdades y Su Cuerpo y Sus Amigos?
Saca un momento y decide, después de leer lo que empeñaron y perdieron algunos hombres por una causa mucho menor………??
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¿Alguna vez te has preguntado qué le sucedió a los 56 hombres que firmaron la Declaración de Independencia?
Cinco firmantes fueron capturados por los ingleses como traidores y torturados antes de morir.
A doce se les revolvió y quemó las casas. Dos perdieron sus hijos que servían en el Ejército Revolucionario; se capturó a dos hijos de otro. Nueve de los 56 lucharon y murieron de sus heridas o de las penas de la Guerra Revolucionaria.
Firmaron y empeñaron sus vidas, sus fortunas y su sagrado honor. ¿Qué tipo de hombre eran?
Veinticuatro eran abogados y juristas. Once eran comerciantes, nueve eran agricultores y dueños de grandes fincas; hombres de recursos, bien educados. Pero todos firmaron la Declaración de Independencia bien sabiendo que el castigo sería la muerte si se los capturara.
Carter Braxton de Virginia, comerciante y dueño rico de una plantación, perdió sus barcos arrastrados del mar por la armada británica. Vendió su casa y sus propiedades para pagar sus deudas y murió en pobreza.
Los británicos acosaron tanto a Thomas McKeam que se vio obligado a mudarse con su familia casi continuamente. Sirvió en el Congreso sin sueldo y su familia se guardaba escondida. Se quitaron sus posesiones y la pobreza fue su recompensa.
Vándalos o soldados saquearon las propiedades de Dillery, Hall, Clymer, Walton, Gwinnett, Heyward, Ruttledge y Middleton.
En la batalla de Yorktown, Thomas Nelson Jr., notó que el general británico Cornwallis había ocupado la Casa de los Nelson como su sede. Le instó tranquilamente al General George Washington a que abriera fuego. La casa quedó destruida y Nelson murió en bancarrota.
La casa y las propiedades de Francis Lewis fueron destruidas. El enemigo encarceló a su esposa y ella murió dentro de unos meses.
Expulsaron a John Hart del lado de la cama de su esposa mientras ella moría. Sus 13 hijos huyeron para salvar sus vidas. Se hicieron estragos en sus campos y en su molino harinero. Por más de un año vivió en bosques y cavernas, volviendo a su casa para encontrar que su esposa había muerto y sus niños habían desvanecido. Pocas semanas después murió de agotamiento y un corazón roto.
Norris y Livingston sufrieron destinos semejantes.
Tales fueron las historias y los sacrificios de la Revolución Americana. Estos no eran rufianes demagógicos con la mirada alocada. Eran hombres calmados con recursos y educación. Ya tenían la seguridad, pero apreciaban más la libertad. Con la frente alta, erguidos y sin vacilar, prometieron: “en apoyo de esta Declaración, con absoluta confianza en la protección de la Divina Providencia, empeñamos unos a otros nuestra vida, nuestra fortuna y nuestro sagrado honor”.